De los mil colores de la sierra minera de Mazarrón, destacan el amarillo de la greda, el rojo del almazarrón (tierra roja) y el morado de la láguena.
Estos son montículos de láguena, me refiero a los de color lila.
****En este mundo se mezclan
las tierras y los colores,
y en la vida que vivimos
los gozos y los dolores..
Para vosotros esta coplilla repentizada como de cante de las minas.
Su corazón era como de tierra láguena, una materia impermeable al agua y quebradiza al tacto ante la menor presión.
Decía que llevaba el corazón en su mano, pero esto no significaba nada más que las lágrimas no calaban en él y que su inflexibilidad lo hacía insensible, deleznable, sin fuerza.
Al final la verdad de su corazón consistía en que era incapaz de recibir el benéfico riego de la lluvia de lágrimas o de moldearse para amoldarse a la forma de otro corazón.
Su corazón gris y malva, brillante como el metal, no era un verdadero corazón, sino tierra, tierra láguena.
Dice un viejo aforismo que la belleza está en los ojos del que mira, y no es mentira, desde luego, pero habría que recordar que los ojos son ventanas por las que mirar pero los ojos del que miramos son espejos que en cierta forma nos ofrecen nuestro propio reflejo.
Nadie que tenga mal corazón podrá apreciar realmente la belleza en otras personas, y me estoy refiriendo a la auténtica belleza, que es mucho más compleja que la simple belleza de envoltura.
La belleza auténtica complace y hace sentir bien, la belleza de envoltura solamente lo consigue, en el mejor de los casos, por un corto espacio de tiempo y muy a menudo no basta para hacernos sentir cómodos sino todo lo contrario, porque la mera belleza externa (es decir, la que no va acompañada de la interna) es con toda seguridad engreida, fatua, vacua, carece de naturalidad en el trato porque está endiosada y gusta de mirar por encima del hombro.
Los componentes de la verdadera belleza son externos pero más aún internos; es una belleza completa y no están fuera de ella todos o algunos de estos elementos: la inteligencia, la dulzura, la tolerancia, la compasión, el humor (siempre el humor), la buena conversación, el ingenio, la capacidad de ayudar, la cualidad de la disponibilidad, la naturalidad que nos hace estar cómodos, en confianza, el don de saber escuchar (tan raro, ya que lo más normal es el Yo, Yo, Yo, con mayúscula, o el pues yo, pues a mí...) por decir algunos nada más, porque la belleza auténtica es a la vez sencilla y compleja, difícil de definir, aunque no difícil de apreciar cuando se mira con mirada limpia.
-¿Quién te enseño a ti a nadar?
- Un pececito del mar,
aunque tú no lo creas,
un pececito del mar.
***
¿Recordáis esta canción? Es muy antigua y siempre me ha encantado. Por eso la traigo a colación al ver el pequeño pez que cruza indiferente, o tal vez curioso, ante los dos buceadores. Parece mirarlos a la cara e interrogarlos así sobre sus intenciones con respecto a él.
Así también miramos nosotros a los ojos a nuestros interlocutores, escrutando en su expresión la sinceridad o la hipocresía, la benevolencia o la crueldad, el perdón o el rencor...
Por eso os dedico esta coplilla repentizada por mí ahora mismo:
*
Los ojos son, digo yo,
como ventanas del alma,
y buscamos ver en ellos
la comprensión y la calma.
El Karyam navega cerca de La Azohía, en aguas profundas, bajo el torreón vigía que domina las aguas cartageneras y del Golfo de Mazarrón.
Y yo sigo presentando el barco, escenario de muchas escenas escritas por mí, y a algunos de los personajes de mis novelas BUCEADORES e ISLA CUEVA LOBOS, que podéis ver al margen de este blog.
Y es en esas aguas transparentes de La Azohía donde Rosa Canales descubre la presencia de una tortuga. Y se lanza al mar para examinar el estado de salud del animal marino.
Se va acercando...
La tortuga la espera, no huye...
Hay que establecer una especie de diálogo con ella.
Nadar cerca...
La tortuga advierte que esa especie de sirena no le va a hacer ningún daño.
Y entran en contacto como en una conversación amigable.
Nadan en la inmensidad azul y evolucionan gozando de la belleza de la mañana.
Miran lo que hay en el fondo...posidonias, nacras, algunas castañuelas...
La tortuga se deja acariciar; está contenta, ha encontrado una amiga.
La bióloga la examina; la tortuga no está herida, pero parece algo débil. Sería conveniente estudiar su estado con más detenimiento, en superficie. Si pudiera subirla a bordo, para vigilar su estado de salud, y luego volverla a dejar en su habitat natural...
Se acercan al Karyam, Tony Méndez, el patrón está dispuesto a ayudar, también algún pasajero tiende su mano...
-Querida tortuga, pesas demasiado para mí, no puedo subirte a bordo.
(Esta escena está representada en la foto inicial de esta entrada)
-He de dejarte en el agua, aunque he visto que no te negabas a acompañarme a cubierta.
-Adiós, tortuga, eres un animal muy hermoso, quizás nos volvamos a encontrar uno de estos días.
-Adiós, sirena, ha sido una bonita amistad y un rato muy entretenido. Jamás había jugado así con una buena nadadora como tú.
Rosa, a bordo del Karyam, sigue su navegación. La tortuga nada libre y contenta en el mar.
Mi hija, Rosa Canales, es Bióloga Marina, Oceanógrafa, capitán de barco y Instructora de Buceadores. No os extrañe que sea uno de los personajes de mis novelas de mar, "Buceadores" e "Isla Cueva Lobos", puesto que es mi asesora en esos asuntos.
Esta semana en altamar se encontraron con un par de ejemplares de raya que nadaban cerca del barco; Rosa se lanzó a bucear junto a ellos.
Uno de los dos animales no era sociable y se apartó de inmediato, pero el otro sí lo era y se dejó tocar incluso en el temible aguijón de su cola, con la que puede dar latigazos terribles.
Y se convirtió en el perrillo faldero de Rosa. Por lo visto,el pez se divertía tanto como la bióloga.
Nadaron juntos bajo el agua, disfrutando del inmenso azul.
La raya no se separaba de ella...
- Ven, vamos a nadar por aquí....
-De acuerdo- parecía decir el animal.
-Podemos ser amigos...¿me acompañas?
-Desde luego, voy contigo; lo estamos pasando muy bien.
-Pero yo tengo que volver a bordo de mi barco, el Karyam ¿sabes? Y tú no puedes venir conmigo para enrolarte en la tripulación, en el rol no admitimos rayas jajaja, además no puedes respirar en el aire, necesitas tu mar...
-Adiós, adiós, ha sido una bonita experiencia. Tal vez nos volvamos a ver.
-Tal vez; y si es así, acudiré de nuevo a nadar conmigo; tú sabes tratarme, no quieres capturarme, sino ser mi amiga.
*****
Este podría haber sido el diálogo ¿no?
Algunas veces en nuestra vida sobreviene por sorpresa una furte marejada.
Tengo una amiga de blog, que comparto con algunos de vosotros, que está soportando ahora esa terrible situación psicológica, moral, vital...
Ella tiene mi apoyo, y lo sabe, pero haría falta mucho más para que a su vida volviera la tranquilidad y la felicidad perdida...
En su mundo personal todo está desde hace días desenfocado, borroso, como un espejismo en el desierto, que se desvanece y se escapa de las manos antes de lograr tocarlo.
Porque a ella le hace falta, más que el pan, unas palabras claras que enfoquen su presente y su futuro, e incluso lo que ya es pasado pero ha sido la raíz de esa mala hierba que le ha crecido a los pies, rodeándola como selva maldita.
Si alguno sabe quién es ella (no me toca a mí decirlo) por haber leído en su blog la sincera confesión de lo que le está ocurriendo, que le dé una palabra de aliento, que sea una roca a la que agarrarse, aun precariamente...
Y mi más sincero deseo: que vuelva a ella la paz perdida.
Porque ella vale mucho, tiene muchísimas cualidades, es inteligente, excelente poetisa, llena de sensibilidad, es guapa y es valiente, pero sobre todo, es buena persona, y agradecida, que es cualidad de las personas bien nacidas.
Así es que está claro que saldrá de esta, pero mientras esté en mitad de esta marejada, estaremos con ella.