Comienza el año y el que más y el que menos ha formulado en su interior algún propósito que desarrollar en estos días de 2013. Hacer propósitos está en la naturaleza humana, cumplirlos ya es cosa de la fuerza de voluntad que cada cual posea.
Yo también he hecho mi propósito; se trata de cumplir una meta literaria, de comenzar la investigación pèrtinente para una nueva novela ambientada en la Edad Media -que es la época que mejor domino por mi formación a cadémica y que, por tanto, me resulta extraordinariamente atractiva-, y a ser posible comenzar su redacción.
Llegar a la culminación de la obra sería quizás demasiado ambicioso, pero...todo propósito debería serlo.
La utopía y el propósito son hermanos.
Nada más os digo. No conviene al novelista desvelar la trama de su novela con tanta anticipación (estoy en la fase de concebir hilos de acción, voz narradora y sumergirme en la documentación imprescindible) sería absurdo y pretencioso.
¿Seré capaz de llevar a término esta idea? Creo que sí. Quiero creer que sí. Necesito la Literatura.
Escribir es mi forma de respirar, lo he dicho muchas veces.
¡No dejéis nunca de hacer propósitos, aunque rocen la utopía!
¿Qué importa que al final queden a medio cumplir? ¡Seguro que algún paso has avanzado!
¡Ánimo a todos con sus personales propósitos! ¡Ánimo, ánimo, ánimo!
