Antes de ayer llovió, ayer también y hoy lo mismo. A mi la lluvia me acobarda bastante; soy como un gato. Pero si llueve, pues no hay más remedio que agua...ntarse.Además, aunque no llueva ni gota en meses, pasa lo mismo. Me explico:
El camino a mi IES es precioso. Aunque está a un paso del centro de la ciudad, a un lado de la avenida de Arneva todavía es todo huerta. Naranjos y limoneros.
Y la huerta es humeda, y sobre todo por la mañana aperece cubierta de rocío matutino.
Yo comienzo mis clase a las ocho, todos los días.
A las menos cuarto, en invierno aún es de noche. ES estas fechas ya es posible gozar de espectaculares amaneceres, con un sol que despierta rubicundo y deslumbrador.
Eso, si no llueve.
Sea como sea, en cuanto la acera se moja, los caracoles suben a montones de la hierba que tapiza la huerta a la acera. Parece que le fascina ese suelo de losa de cemento ¡pobres e inocentes bichos!
Son unas criaturicas incautas. No saben detectar el peligro que supone pasear por donde pisan los que transitan por ese camino.
Me da una penica ver tantos caracolillos chafados, hechos una torta...¡Criaturicas de Dios!
Así es que ya está Rosa Cáceres, cargada con su carpeta llena a estallar, con el paraguas y el bolso, por añadidura, agachándose cada dos pasos para coger a la babosa con casa y echarla al terreno seguro del que ha salido.
¿Qué buscarán en el asfalto? Porque a veces llegan, despacico, despacico, hasta la calzada, y entonces los aplastan los coches.
Pero es lo que yo digo, parodiando el famoso cuplé del "agua que no has de beber...":
CARACOL QUE NO TE VAS A COMER,
DÉJALO CORRER.
Aunque pensándolo bien, eso de correr..., no sé yo si es un poco exagerado refiriéndose a estos pequeños inspiradores de las caravanas de camping.