¿Qué profundo dolor, qué sensación de derrota puede llevar a una persona a tomar la decisión de acabar con la propia vida en plena juventud y gozando de salud?
Recientemente me he enterado de dos casos de suicidio aparentemente inexplicables, ocurridos muy cerca del domicilio donde resido.
Este tema me da mucho qué pensar.
En cierta ocasión vi una viñeta que me gustaría volver a encontrar, aunque no sé cómo.
En ella el Buen Padre Dios, representado como un bonachón anciano de barba blanca, ataviado con una bata de cuadros de estar por casa y unas zapatilla, igualmente clásicas, abría los brazos para recibir en ellos a un pobre suicida que subía al cielo llorando desconsoladamente, como un chiquillo que se ha caído un porrazo enorme y viene entre lágrimas a buscar el consuelo de su padre o su madre.
Creo sinceramente que ese terrible sufrimiento, esa ruina de la vida que lleva a la deserción de la existencia, merece mucha compasión, mucha piedad, y por supuesto, mucho respeto.
*****
Última hora, mientras comíamos, me entero por mi hijo Juan de una novedad terrible: ya van cinco suicidios, todos jóvenes, uno de ellos de veintitantos años. Más un intento frustrado, lo que sumaría seis de no haberse evitado.
Recientemente me he enterado de dos casos de suicidio aparentemente inexplicables, ocurridos muy cerca del domicilio donde resido.
Este tema me da mucho qué pensar.
En cierta ocasión vi una viñeta que me gustaría volver a encontrar, aunque no sé cómo.
En ella el Buen Padre Dios, representado como un bonachón anciano de barba blanca, ataviado con una bata de cuadros de estar por casa y unas zapatilla, igualmente clásicas, abría los brazos para recibir en ellos a un pobre suicida que subía al cielo llorando desconsoladamente, como un chiquillo que se ha caído un porrazo enorme y viene entre lágrimas a buscar el consuelo de su padre o su madre.
Creo sinceramente que ese terrible sufrimiento, esa ruina de la vida que lleva a la deserción de la existencia, merece mucha compasión, mucha piedad, y por supuesto, mucho respeto.
*****
Última hora, mientras comíamos, me entero por mi hijo Juan de una novedad terrible: ya van cinco suicidios, todos jóvenes, uno de ellos de veintitantos años. Más un intento frustrado, lo que sumaría seis de no haberse evitado.