Aquí os presento el teclado de mi ordenador fijo. Sobre las teclas una rosa, para que mis palabras sean agradables como su color y su fresco aroma.El fondo de pantalla es mi amado paisaje mazarronero, a la hora temprana en que la luz despierta y la mar brilla como un espejo de plata bruñida.
En el horizonte, los contornos de Cabo Tiñoso, ya en aguas cartageneras.
Jazminero de mi casa de Puerto de Mazarrón.
Uno de mis placeres sencillos - y suntuosos a la vez- es cortar un ramillete de jazmines, antes de irme a dormir, y ponerlo sobre mi mesilla de noche.
¿No lo habéis probado? Probadlo, si podéis. Os aseguro que ese aroma os transportará a un placentero sueño, relajado, tranquilo, feliz...edénico.
Las buganvillas son de la vecina. Por más que barro allí están ellas, colándose en la casa e imposibles de dominar. Son muy bonitas, pero un incordio. No tienen olor alguno.
Aquí está la prueba. Los jazmines también caen constantemente, pero ni vuelan, ni hacen ruido. Además, incluso en el suelo, huelen maravillosamente.**********************
Un breve texto que me inspiran:
En el suelo juegan al corro en alas del aire las buganvillas y los blancos jazmines,blancos como estrellas de nieve.
Se arremolinan girando vertiginosamente, como derviches, al dictado de una fuerza centrífuga hipnotizante.
Silenciosas las flores del jazminero, emitiendo un frufrú audible las buganvillas, en contraste.
Pienso que esas flores- las blancas y las de color púrpura- son semejantes a mariposas. Humildes y vivas en su aroma exquisito las blancas de jazmín, escandalosas, soberbias y sin aroma las de buganvilla, mariposas momificadas una vez secas.
Quizás haya también personas semejantes a unas flores o a las otras.
Indiferente a su pugna tácita las flores de madreselva se mantienen prendidas a su lecho de verdes hojas. Y se imponen altivas con un latigazo olfativo subyugador.