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martes, 14 de julio de 2009

FÁBULA DE LAS FLORES BELLAS Y LAS NUBES

Las margaritas blancas presumían
de su belleza y de su armonía.
-¿Quién como nosotras es tan bella?
Somos tan lindas como las estrellas.


Respondió al reto la flor de madreselva,
que miraba a la que habló
enredada en lo alto de una reja.
-Más bellas aún somos las madreselvas,
como la nieve blancas y limpias somos,
de oloroso perfume estamos plenas.

-Necias- tronó una nube-
las dos de vanidad estáis enfermas.
¿Qué sería de vuestra lozanía
si no lloviera y os quedarais secas?




La moraleja de esta fábula es
que todos han de cumplir con su tarea,
ya sea dar lustre de belleza,
ya sea regar la fértil tierra.
Y presumir de lo que uno solo hace
es tan tonto como sembrar entre las piedras.
Uno a uno, todos son importantes,
como lo es cada pata de una mesa,
que si faltara una se caería
y con las cuatro firmes...es más mesa.

domingo, 12 de julio de 2009

Pequeña fábula de la paloma, los peces y la gaviota.

La paloma en el puerto se asoma al mar, envidiosa.
- ¿Por qué la gente le arroja pan a los peces, que se llenan la tripa de deliciosas migas, y a mí no me dan nada?
Esto es lo que se pregunta, mientras picotea en el suelo cáscaras de pipas, si es que las encuentra.

Mientras, en el agua, los peces se arremolinan por centenares alrededor de los trozos de pan que le han tirado unos niños.

Con las aletas producen un bullicio de agua burbujeante y , curiosamente, se esfuerzan por empujar el pan debajo de los barcos anclados o del zócalo del muelle.
- ¡Oh, quién fuera pez y se llenara el buche de tan delicioso manjar, ablandado por el agua salada del mar!- desea la paloma.


Y es tan intenso su deseo, que se torna prodigioso y mágico.
La paloma se metamorfosea en pez.
De repente, se encuentra en el agua, saboreando el delicioso pan, tal y como había pedido con todas las fuerzas de su inocente corazón de paloma.
¡Pobre paloma glotona! Deseó algo sin saber qué consecuencias le traería.

La voraz gaviota viene volando con sus enormes alas blancas , punteadas de negro en los extremos, extendidas.
Majestuosa, se posa en el agua. Se deja mecer por las leves ondulaciones de la superficie. Tranquila. No se apresura.
Nadando suavemente se acerca a uno de los trozos de pan que flotan tentadoramente para el apetito de los pececillos.
Todos han huído, empezando por los grandes y terminando por los alevines.
Solamente la paloma convertida en pez, o el pez que antes era paloma, permanece mordisqueando golosamente un trozo de pan, aquel al que se aproxima la pescadora. Y le basta un certero movimiento para capturar al incauto pez.
Luego, alza la cabeza, y engulle a su presa que coletea con agónico e inútil esfuerzo.
Moraleja: piensa en lo que deseas y no quieras ser otro, sino sé tú mismo.