¿Me acompañan a dar un paseo por Vallanca? ¿Sí? Pues vamos.Vallanca es un pueblecito de montaña, casi a mil metros sobre el nivel del mar. Vallanca está enclavada en el Rincón de Ademuz, que pertenece a Valencia, aunque está mucho más cerca de Teruel que de la capital valenciana.Es uno de esos raros islotes de una comunidad dentro de otra. En España hay dos casos así: el condado de Treviño (que pertenece a Burgos y está ,sin embargo, dentro de Álava) y, en Valencia, el Rincón de Ademuz (dentro de Teruel).
En Vallanca sobreabunda el agua, rumorosa y clarísima, se hace oír en ríos, regatos, fuentes y cascadas. El paisaje es bucólico, recuerda los versos de Garcilaso: Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas
verde prado de flores siempre lleno...
Ninguna fotografía puede hacer justicia a la transparencia, claridad y rumos de las límpidas corrientes, cercadas de vegetación.El alma se serena al arrullo de estos sonidos de la naturaleza, coreados por el canto de las aves y guarnecidos del sagrado silencio circundante.
En Vallanca florecen los cerezos, como el de la imagen.Los manzanos, que siembran la hierba de sus frutos en tiempo de cosecha.
Los nogales, preñados de frutos sabrosos, que comen golosamente las
ardillas, muy fáciles de ver por allí, nada asustadizas...
Las higueras, las setas, las bellotas...
Un aroma de monte, hierbas campestres y frutos deliciosos llena el fino y frío aire de la montaña.
Generosos, los almendros
también ofrecen la incomparable belleza de su floración, que dará paso a la rica almendra.
Camina con pasos lentos la primavera en Vallanca,hasta hace poco ha sido la nieve la que ha posado su manto blanco y gélido sobre el terreno, así pues, los álamos aún están desnudos.
Pronto se vestirán de verdes hojas, que se dejarán mecer por el viento, interpretando la más sublime de las melodías.
De los alamos vengo, madre,
de ver cómo los menea el aire...
El lujuriosos verde de la hiedra y de otras plantas trepadoras, luciendo mil tonalidades de verdor, se abraza a la arboleda.Y crea así un paisaje de cuento de hadas.
Casi esperamos que de un momento a otro aparezcan ante nuestros ojos los gnomos, los elfos y los demás seres fantásticos que, seguramente, poblarán este paisaje privilegiado.
Los troncos de los árboles, revestidos de líquenes
multicolores, sumergen sus raices en el agua que todo
lo preside allí.
Deja el hermoso valle, encaramado el monte, que lo cortejen otros montes aún más altos, como la sierra de SANTERÓN.
Muchas son las rutas de senderismo señalizadas en la zona, bien para andarlas a pie, bien para recorrerlas en bicicleta.Hasta Negrón se sube por varios caminos, y se llega para entrar de repente en la Edad Media, tal es la impresión que produce este pequeño pueblecito, con muchos más gatos (en libertad) que habitantes .
En Vallanca hay profundas cuevas, en mitad de la montaña, que sugieren leyendas misteriosas... o permiten imaginar cómo eran los abrigos naturales en la Prehistoria.
Los grifos de la fuente que hay en el centro de la Plaza de España son de bronce antiguo .
Las casas tienen vigas y balconadas de madera oscura.La torre de la iglesia es esbelta y sobresale en el paisaje, presidiendo el caserío, dispuesto en escala en la ladera montañosa.
Paseando por cualquiera de las empinadas callejas deVallanca, es posible encontrarse con el lujo silvestre
de una flor que se abre paso en el roquedal de un muro de piedra.
O con la maravilla rosada de un macizo de flores que bordea una escalera.
Las viviendas de Vallanca son a menudo originales en su decoración.Los detalles a base de piedras de la zona, muy abundante en fósiles, son la base de la ornamentación exterior.
Los bancos, las escaleras, muestran adornos en formas diversas, en especial son curiosos los macetones.El entramado de parras-hoy todavía desnudas- se viste en verano de pámpanos verdes y racimos de uvas apetitosas.
Las abejas trabajan libando flores de romero para fabricar dulce miel.
Mil cosas podría decir aún de Vallanca, mil fotografías aún más bellas que estas podría mostrar aquí, y puede que lo haga en otras ocasiones,porque Vallanca es un lugar que merece la pena visitar si uno ama la naturaleza y la paz silenciosa de la montaña.