lunes, 23 de marzo de 2009

PIEDRAS COMO CORAZONES, PERO NO CORAZÓN DE PIEDRA

He dicho alguna vez que me encanta coleccionar piedras de la playa.

Y no sé por qué extraña casualidad suelo encontrar muchas de forma acorazonada. Son mi debilidad.

Las considero algo así como talismanes que harán que aumente la ternura de mi corazón. Por eso las mimo, las cuido y las engalano con bellos colores.

¡Qué bonitas son! Mirad las que he puesto en este plato, decorado también por mí.

Las hay ROJAS, como amapolas,

MORADAS como la dulce uva que se deja beber en vino tinto,

ROSAS como la ternura,

VERDES como la brillante hiedra...


Mirad el corazón del trocito de cerámica, cincelado por el mar en esa forma, como si lo hubiera formado para mi regalo.

Mirad el corazón plagado de estrellas .



Muestras son del capricho amoroso de la arena, del mar y de las olas.

Se dan a mí en su perfección mineral, en sus contornos torneados.
Parece un milagro su forma.
Cálido encanto, creado por la naturaleza..., azar misterioso que me permite hallarlas, entre miles de otras piedras que el mar trae y lleva en su danza eterna.


Tengo tantas, tantas...que puedo hacerme la ilusión de haber recogido una buena cosecha de símbolos de cordialidad.
Cordial viene de corazón, y del corazón nace la cordialidad.
Hay concordia cundo los corazones laten de acuerdo.
Y ahora os dedico este acróstico improvisado ahora mismo. Os recuerdo que en los versos acrósticos se puede leer algo tomando sólo la letra inicial de cada verso, de arriba a abajo.
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Canta el mar su canción, y contempla
Olas verdes y azules bailar.
Ríe la espuma de nieve salada
Al romper en la playa otoñal.
Zumba el viento,yo siento la brisa que
Orea placentera mi alma y mi piel.
Nada falta a este instante de calma, de perfecta paz.

¿Habeis leído lo que dice?
¡Sí, sí, respuesta correcta! :CORAZÓN

9 comentarios:

tejedora dijo...

Tienes gusto, Rosa, por cosas preciosas, interesantes. En definitiva llaman la atención.
Si es que gustan todas las piedras que muestras en las fotografías, sin desmerecer alguna de ellas, por supuesto.
Tu entrada es muy completa inclusive con la poesía.
En la mesa donde realizo la mayoría de mis actividades (últimamente el estudio), tengo, entre otras cosas, una preciosa piedra tallada cuya forma final es una rosa. Me la regaló un amigo al regresar de Turquía. Cuando me la regaló no sabía, al principio, qué utilidad le daría a dicha piedra. Hoy en día sirve como pisapapeles y cuando no, la pongo bajo el flexo para que, aparte de lo que estudie, ilumine la piedra y me recuerde a innumerables momentos.

Muchos besos.

Rosa Cáceres dijo...

Tejedora, ya veo que compartimos gusto por las maravillas naturales. Creo que esa piedra que tienes es una de las que llaman "rosas del desierto", son verdaderamente preciosas.
En sucesivas ocasiones iré mostrando más piedras de mi colección, todas pintadas para realzar su colorido.
Mi preferida es la que puse ya hace tiempo, con forma de madre con un hijo en brazos.

cabopá dijo...

Cuando paseo por la playa voy recogiendo todas las piedras que me gustan,por su tamaño,por su color,por su brillo y por su forma.Tengo un pensamiento para cada una, al llegar las dejo en algún plato de cerámica o cestillo. A veces he tenido algunos Kilos, sin exagerar. Ya nos contarás otro día que material usas y qué técnica para mantener el brillo. Besicos.

Calpurnia dijo...

hola Rosa, soy Calpurnia, vengo a devolverte la visita.

Guauu!!! me encantan esas piedras, son preciosas!!!

Por cierto, ya lo he puesto en la contestación a tu comentario en mi blog, pero me puede la curiosidad.... ¿la foto de tu perfil está hecha en Oseira, en el monasterio??

y otra cosa, has acertado, el ara que Calpurnia dedicó a las Ninfas del agua, está en Ourense como tú apuntabas!!!

vaya casualidades!!!

un beso, y nada a seguir cultivando es afición tan estupenda.
ciao

sedemiuqse dijo...

Pero mira que eres linda.
besitos y amor
je

Antonio Verdú Asís dijo...

Me encanta leerte Rosa. Pero desde luego hay que tener mucha paciencia para encontrar esas piedras con corazón y despues darles la vida con el color. Preciosas. Abrazos.

Lugareño dijo...

Estimada Rosa, ¡cuánta sensibilidad irradias!

Aunque a veces no comento nada, te suelo visitar a menudo y me quedo asombrado del sentimiento que le pones a todo lo que haces. Y vaya unos post que estás publicando últimamente, llenos de inspiración y matices, para deleite de todos tus asiduos visitantes, entre los que tengo el placer de incluirme.

Un abrazo.
Desde mi lugar de la Huerta.

Amig@mi@ dijo...

Mira, algo nuevo, yo tengo conchillas y caracolas pero piedras no, aunque recuerdo una etapa en la que em dio por recogerlas con forma de mariquitas y pintarlas como tal... Las ponía por tamaños y quedaban monísimas.
A partir de ahora te guardaré las de corazones;)
Bessoss

Rosa Cáceres dijo...

Cabopá, kilos pesan algunas de las que tengo expuestas en el patio posterior de mi casa de playa, menos mal que tengo buen porteador, y complaciente conmigo; si él ve que me gusta un pedrusco, pues lo coge y ¡hala! al maletero del coche.
Para tratar el colorido, algunas que ya son preciosas no precisan más que una capa de barniz, para que parezca que están mojadas por el mar. Hay otras -las que yo recojo la mayoría son negras, de la playa del Gachero- utilizo esmaltes de las uñas de colores diversos.
Ya ves que hay poco secreto.
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Calpurnia, conozco Ourense, pasé un par de semanas allí un verano. Con mi fijación por el nombre de Calpurnia, me encantó encontrar en las Burgas esa maravillosa inscripción, en ese venero de aguas termales, encantador donde los haya.
En efecto, es Oseira. Los Monasterios me apasionan, arte historia, espirituelidad se dan cita en ellos. Recuerdo con qué placer fui encontrando en el zaguán las marcas de cantero de cada piedra.
Y no se me olvida el puente romano de tu ciudad.
He visto tu respuesta en tu blog. Te seguiré visitando.
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sedemiuqse, eres tan dulce en tus calificativos que me abrumas con ellos. Una de las cosas que yo tengo pendiente de conseguir es aceptar con naturalidad los elogios. Soy bastante humilde ante la gente bondadosa, como sin duda eres tú. Muchas gracias.

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Antonio, de paciencia nada. No sé qué pasa, pero me saltan a la vista.
Hay quien encuentra con facilidad las piedras de jaqueca, ya sabes, los opérculos de las caracolas, que en Mazarrón engarzan en oro los joyeros y están en todos los escaparates. Yo de esas no habré encontrado más de cuatro o cinco en toda mi vida, y sólo una de las grandes. En cambio, lo de los corazones...vaya, que me salen al encuentro.

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Lugareño, ya te echaba de menos, aunque creo desde luego que me visitas, porque yo también te visito a ti, aunque tampoco te comente nada a veces.
Me satisface mucho que encuentres mis post agradables. No presumo de ellos, porque lo mío es lla carrera de fondo, vamos, escribir largo, que cada vez me salen las novelas más extensas.
Además en época de exámenes, poco tiempo le dedico a esto. Lo que pasa es que escribiendo soy un rayo jajaja.
¿Cómo llevas los estudios? Me imagino que viento en popa a toda vela. Y así lo deseo sinceramente.

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Amig@mi@ esa piedras debían ser encantadoras, me encantan las cochinillas rojas, con sus pintitas negras. Otra coincidencia.