
Siempre me ha llamado la atención el fenómeno del contraste entre personalidades contrapuestas.
Mirando simplemente las losas de este jardín, me viene otra vez esa idea, ejemplificada en las flores de buganvilla y las de jazmín.
Arremolinadas por el aire, las de buganvilla, de color púrpura como las vestiduras regias, suenan sin resignarse al silencio, queriéndose hacer notar, sin embargo, la flor de la buganvilla carece de olor, y sólo cuenta con su llamativo tono y su susurro reseco. En contraste, las blancas flores del jazmín se dejan mecer silenciosamente, sin que ningun sonido revele su presencia, aunque su exquisito aroma nos regale aún el placer perfumado de la vegetal estrella caída en el suelo desde su firmamento de arbusto.
Son así también las personas: soberbias o humildes, parcas o dadivosas...
Yo prefiero decididamente la silente gracia de la perfumada flor del jazmín.
Mirando simplemente las losas de este jardín, me viene otra vez esa idea, ejemplificada en las flores de buganvilla y las de jazmín.
Arremolinadas por el aire, las de buganvilla, de color púrpura como las vestiduras regias, suenan sin resignarse al silencio, queriéndose hacer notar, sin embargo, la flor de la buganvilla carece de olor, y sólo cuenta con su llamativo tono y su susurro reseco. En contraste, las blancas flores del jazmín se dejan mecer silenciosamente, sin que ningun sonido revele su presencia, aunque su exquisito aroma nos regale aún el placer perfumado de la vegetal estrella caída en el suelo desde su firmamento de arbusto.
Son así también las personas: soberbias o humildes, parcas o dadivosas...
Yo prefiero decididamente la silente gracia de la perfumada flor del jazmín.

