martes, 30 de diciembre de 2008

Mar Cantábrico, de Pedro Díaz-Obregón


Ha sido un regalo inesperado. Este óleo de Pedro Díaz-Obregón Barajuan, un excelente pintor, un excelente amigo.
Decía mi admirado poeta Jorge Guillén algo así como ."Amigos: lo demás es selva".
Cito de memoria, pero casi estoy segura de que la cita es fidedigna. Y si no lo es, la suscribo, la proclamo, la asumo y la hago mía.
Tengo varios amigos pintores, en mi familia también los ha habido y los hay.
Pintores, escritores... algo hay que hermana y amiga... Fuera queda la selva enmarañada.
Pero, fuera de consideraciones de este tipo, voy a presumir de regalo rumboso. Ahí es nada, recibir por correo certificado una obra de arte como esta marina.
La luz escapa del cuadro, las olas tienen movimiento, las nubes danzan en el celaje norteño.

A Pedro Díaz-Obregón, muchas gracias.
A los demás, la recomendación de que visiten su blog Y la página de su "Museo Pobre", está en Google. Merece la pena.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Navidad en Ciudad Real


Ciudad Real, reloj del Ayuntamiento. Suena el villancico "Campanas sobre campanas", en la sonoridad de las dos filas de campaniles de bronce que flanquean el balcón que hay a la derecha de la fachada.
Son las doce del mediodía. Se abre la doble puerta de la balconada y aparece Miguel de Cervantes, portando unos rollos de pergamino bajo el brazo, más un tintero y una pluma de ganso, preparada para la escritura.
No tarda en aparecer Sancho Panza, con una hogaza de pan, una ristra de chorizos y una jarra de vino, que lleva golosamente a los labios de vez en cuando.
Por último hace su aparición en la balconada el mismísimo Caballero de la Triste Figura, por otros nombres don Quijote de la Mancha , el Caballero de los Leones, y -más verdadero- Alonso Quijano el Bueno. Trae en la mano izquierda un Libro de Caballerías abierto. Tal vez sea el de Amadís de Gaula, que tanto admira. Y en la diestra, empuña la espada que mueve con brío a la vez que, según se ve, lee algún pasaje de gran ardor caballeresco y aventurero, pues viene abstraído en la obra y ajeno por completo a la realidad.
Las tres figuras mecánicas, de tamaño natural, evolucionan durante cinco minutos en que hacen las delicias de todos los que los miran, embobados por la gracia de la estampa, nostálgicos de la lectura de la inmortal obra cervantina, tan llena de honda filosofía, envuelta en humor tolerante y socarrón.
Y nace el propósito de volver a deleitarse, una vez más, en las páginas paladeadas del Quijote.
Navidad 2008 en Ciudad Real, Almagro y Puerto Lápice.

lunes, 22 de diciembre de 2008

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

El Ángel dijo: No tengáis miedo, porque he aquí que os anuncio una gran alegría.
Hoy ha nacido el Salvador.

Feliz Navidad

jueves, 18 de diciembre de 2008

Mi carpeta de exámenes


Todas mis carpetas de trabajo están decoradas con mis dibujos. Aquí presento una de ellas. Sobre el cartón, bolígrafos de colores, corrector blanco, rotuladores e imaginación.
Para mí el trabajo no es una cuestión tristona y rutinaria, sino fuente de entusiasmo por la tarea bien hecha. Obras son amores, y -siento mucho contradecir el antiguo refrán- también lo son las buenas razones, es decir, las buenas palabras.
Buenas palabras son las que aparecen escritas en el cuaderno que he pintado, al menos, así las creo. Se trata de tres sencillos poemas en honor del libro y de los que aman la lectura. Dicen así:
EL PRÉSTAMO GENEROSO
Y tú me prestaste un libro como el que tiende una mano.
Me ofreciste su tesoro, me revelaste el arcano,
el portentoso secreto de su generoso abrazo
de páginas y palabras tan fieles como un hermano.
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EL ABRAZO DEL LIBRO
El libro da, generoso,
el abrazo de un hermano,
el portentoso refugio
de su mundo imaginado.
****************
LOS SECRETOS ESCRITOS
Amigo, préstame un libro,
que quiero soñar despierto
y descubrir los secretos
de los vivos y los muertos.
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martes, 16 de diciembre de 2008

INACABADO


ESte es un fragmento del cuadro que estoy pintando ahora mismo. Está inacabado, la foto ha salido borrosa, pero la utilizaré como pretexto para un texto, valga el juego de palabras.
ESPINAS
La espina del poema que se clava
en el cuaderno intacto
y que lo hiere
como si fuera el lápiz un acero
escribiendo de besos
y de nieve.
La espina de la vida,
que se clava con heridas diversas, diferentes,
quizás tan sólo en superficie,
a veces, una punzada breve, un arañazo,
un dolor pasajero, cosa leve.
O quizás la carga es más profunda,
es la enconada serie
de duros martillazos alevosos
que clavan
muerte a muerte
el dolor en la carne
del alma que los siente y los padece.

lunes, 15 de diciembre de 2008

El imán de nevera

He aquí una de mis últimas creaciones. Se trata de un imán de buen tamaño (era un calendario)
que he personalizado pintándole encima este búcaro de flores.
Lo emplearé para ilustrar un poema, aunque no se corresponda con su tema en absoluto.


SILENCIO

No existe nada más sincero y rico,
aunque sea triste,
que el silencio sonoro,
cuando te hablan hasta las mudas paredes
del fondo de tu fondo.
No existe nada más rico y sincero
que ese silencio triste y doloroso,
cuando no hablan palabras mentirosas
que no aciertan ni lo dicen todo,
que no definen el latido amargo
del agua de tu pozo.

Y en cambio, no hay nada tan profundo y bello
como ese silencio rumoroso
que saca el agua oculta del secreto
que guarda el corazón en lo más hondo
y la derrama, fresca y generosa
-catarsis sobre tí-
en tu monólogo.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Fracaso blogero


Sin comentarios. Nunca mejor dicho.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Ermita solitaria

Una acuarela tomada del natural, a la hora del amanecer, para ilustrar un poema.

AGRADECIMIENTO

Agradecen las flores
las gotas del rocío.
Agradecen las almas
el ser acariciadas.
Suave ha de ser el roce
que conforta,
que alivia la pena,
que consuela y calma.
Leve ha de ser la gota de rocío,
suave y leve la palabra acertada.

domingo, 7 de diciembre de 2008

EL REY DE LAS ESFINGES de Illán Vivas



EL REY DE LAS ESFINGES de Francisco J. Illán Vivas
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La segunda novela de lo que será la trilogía “La cólera de Nébulos”, que comienza con “La Maldición”, alcanza la misma altura, si no más, que la primera. La he leído con sumo placer y también con más facilidad que la primera. No, desde luego, porque se trate de una lectura fácil (muy al contrario, es tan elaborada y compleja que la he leído lápiz en mano, realizando anotaciones en los márgenes), sino porque se pisa un territorio conocido en cierta forma. Los parajes son diferentes, pero los transitamos guiados por Eleazar y Eostes, los protagonistas de la anterior novela, a los que ya habíamos acompañado en la anterior novela y por los que sentimos simpatía.
La portada se debe a Álvaro Peña, que elige para ella la estética del cómic, que domina perfectamente. Eleazar, con su espada Dragona en mano, se enfrenta a una abominación en tierra Astegia.
El prólogo es de Luis Alberto de Cuenca.
Estructuralmente, es una obra redonda, es decir, perfecta. Se puede leer como libro independiente, pero está sabiamente conectado con la primera novela a través de referencias, coherentes y oportunas, y de los recuerdos de uno u otro héroe de la estirpe de los Eternos. El tuerto Wottan, Nébulos, Carmesí, Annae, los feroces afros, entre otros, vuelven a aparecer en la historia, pero ahora Eleazar y Eostes caminan por nuevos parajes igualmente peligrosos e inquietantes, eso sí, y nos ponen el alma en vilo cada vez que se ven obligados a luchar con alguno de los engendros que les van saliendo al paso, seres infernales, creados por el mal, procedentes del mismo infierno. En su temeraria aventura entran en contacto con seres mitológicos y horribles abominaciones que son novedosas en esta nueva entrega y que, por tanto, nos sorprenden y fascinan.
En la estructura hay otro acierto, y es que el autor, con mano maestra, la dota de un final abierto que nos deja a la par satisfechos con respecto a la parte narrada, que es excelente, y además, por eso mismo, ansiosos de conocer de qué modo continuarán las andanzas de los dos Celestiales en territorio Humano y cómo repelerán la amenaza que se cierne sobre ellos y que les viene ahora de parte del monstruoso Anteo. Lingüística y léxicamente es una obra sin tacha. El autor hace gala de un vocabulario riquísimo y preciso como un dardo que da en el centro de la diana una y otra vez. A este respecto, hay que destacar el dominio absoluto de la adjetivación epitetal, por la que, sin duda, siente preferencia el autor, seguramente por el altísimo poder connotativo que conlleva. Ejemplos fehacientes son expresiones como abominables cabezas, repulsivos cuerpos, deformes miembros, apestosas entrañas, todo en un mismo pasaje descriptivo.
Las metáforas son igualmente acertadas (rompecabezas de miembros mutilados) y lo mismo ocurre con las prosopopeyas o personificaciones : Dragonia y Halcona, que son respectivamente la espada y el hacha de Eleazar, cantaron una canción de sangre y muerte- escribe el autor.
Hay comparaciones hiperbólicas tremendamente gráficas (bebiendo como un hipopótamo) y otras tan explicativas como las sienes les golpeaban como yunques.
No es necesario hacer más hincapié en lo que cualquier lector de Illán Vivas percibe mucho antes de terminar cualquiera de sus obras: estamos ante un genial maestro de las palabras, la frase, la narración y su ritmo y también del diálogo.
Illán Vivas es hombre polifacético y una de sus habilidades es la creación de personajes, sin embargo, asombra igualmente su erudición en materia de mitología. Siendo, como es, la Mitología una de mis debilidades desde que era niña, excuso decir lo mucho que he disfrutado descubriendo o redescubriendo los mitos clásicos en “El Rey de las Esfinges”.
Esta novela del género de aventuras épicas fantásticas tiene una doble lectura; una, la que primero salta a la vista, para los que reciben de nuevas todas estas alucinantes historias y conocen por primera vez este elenco de seres extraordinarios que aparecen junto a Eleazar y Eostes, para bien o para mal de ellos. Y una segunda lectura para los que habiendo gozado ya de obras clásicas grecolatinas, como “La Odisea”, “La Eneida”, “Edipo”, o germanas como “Los Nibelungos”, o tal vez se han adentrado en el misterioso mundo del Antiguo Egipto, vuelven a encontrase con los temas y las leyendas viejas como el mundo y, por eso mismo, eternas desde nuestra óptica humana.
Desde el mismo título de la novela nos asalta el recuerdo de Egipto y también el de la Grecia más clásica en su teatro. Eostes se enfrenta, como Edipo, al acertijo de la Esfinge y lo resuelve, como él.
Interesantísimo el capítulo X “Horus Faraón”, en el que se describe paso a paso el proceso de la momificación tan gráficamente como Mika Waltari logra en “Sinuhé el Egipcio”. El autor molinense nos sumerge en acertadas pinceladas en las creencias sobre el Más Allá del pueblo de los faraones.
A mi modo de ver, la novela crece y se eleva a sus máximas cotas en los últimos capítulos. El autor ha dosificado perfectamente el ritmo de la intriga que se acentúa al final. A partir del capítulo XI todo es mucho más intenso, tal como si el escritor realizara un alarde narrativo con el fin de atrapar el interés del lector definitivamente. Y lo logra, doy fe.
Otra cuestión merecedora de comentario son los dos pasajes de subido tono erótico que también se hallan en estos últimos capítulos (Neftis y Eleazar, y Ariadna y Eostes, este último con sorpresa incluida), elegantemente tratados, con exquisita finura, son una nueva andanada del autor que derriba cualquier última resistencia del lector, tan encantadores son y tan bien tratados están.
Sobre “El Rey de las Esfinges” se podría escribir mucho más. Es una obra densa en su trama y densamente poblada, en sus personajes, así es que muchos detalles se me quedan en el tintero, pero no puedo omitir el comentario de dos pasajes que me han hecho sonreír por su picardía y su humor, que aligeran un tanto la historia:
Uno es cuando Nébulos dice a Eostes que sabe de sus constantes visitas a cierta cervecera de los dioses, sobrina suya, y que cree que Eostes bebe tanta cerveza para tener excusa de visitarla y evitar así que otros celestiales la cortejen.
Y el segundo es una exclamación de Eostes contestando al apremiante requerimiento sexual de Eris a quien ha dejado a medias: “¡Ven, ven! ¡Más, más!”. “¡Quién te haya engendrado va a seguir!” le contesta el héroe.
Son dos ocurrencias ciertamente graciosas vistas en su contexto, claro está.
El capítulo XII se titula “El Mar del Olvido”. No bebamos de sus aguas que borran todo el pasado y recordemos a algunos de los seres que pueblan estas páginas de Francisco J. Illán Vivas:
Harpías, Bucentauros (centauros con cuerpo de toro), Erinias que pese a ser monstruosas atraen con sus cantos que es preciso evitar tapando los oídos con tapones de cera blanda, como hizo Ulises con las sirenas, Eris la discordia, un ser casi vampírico que se vence con fuego y plata, pegasos alados, Anteo, con su treta para no ser vencido (no descubriré aquí en qué consiste) pigmeos, esfinges que tiene Rey, Suhamuk, que conoce el idioma celestial y propone enigmáticos acertijos, espejos que muestran el lado oscuro, el reflejo negativo de cada uno…
Todo lo dicho atrapa el interés del lector, pero es que aún hay más; queda el definitivo golpe de efecto: Eostes y Eleazar bajarán al Orco. Se nos anuncia al final de la novela, que queda así abierta como abierto queda el camino que conducirá a nuestros héroes a nuevas aventuras en el submundo infernal.
No cabe duda de que el autor maneja genialmente la argucia de Sherezade en “Las Mil y una Noches”. A ver quién es el lector de estas dos novelas de “La cólera de Nébulos” que no espera con impaciencia la tercera, que cerrará el círculo. No creo que haya ninguno capaz de abandonar en su periplo a Eleazar y a Eostes.
Dicen que a la tercera va la vencida, pero estamos seguros de que nuestros héroes Eternos no serán derrotados cuando se enfrenten a los poderes mágicos que abundarán en el Orco. Saldrán victoriosos. En cuanto al autor, Francisco J. Illán Vivas, vencerá de la mano de sus hijos de ficción y convencerá a todos sus lectores.

Rosa Cáceres

jueves, 4 de diciembre de 2008

El perfume de la lluvia

Esta es una de mis acuarelas. La he escaneado y no he conseguido copiar todo el cromatismo de la pintura. Lo mío no es la técnica frente al ordenador, está claro. Tampoco, me temo, con los pinceles, pero se hace lo que se puede.

Emplearé esta imagen, al menos de mi propia mano, para ilustrar un poemilla también mío.

El perfume de la lluvia
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La tristeza me vino con la lluvia,
con el gris del horizonte
tan nublado.

Pero en los días de cielo
tormentoso,
me devuelve la calma y el sosiego
este perfume de árboles mojados.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Rosas acrílicas sobre tabla

Rosas y margaritas silvestres sobre un panel. Este es uno de mis últimos cuadros.Visto al natural es alegre en su colorido. Aquí no he logrado reproducirlo al completo, porque lo he escaneado y lo que se ve es todo lo que ha cabido.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Un fragmento de mi novela AURA



La cocina de la casa señorial era enorme, pero cálida, como siempre lo es aquella en que se han cocinado muchos pucheros, se han pelado muchas patatas y se han amasado muchos bollos y muchos dulces de Navidad. La vida se va acumulando en estos espacios, hasta el humo que agrisa las paredes contribuye a hacer de estas estancias espacios vividos, humanos, acogedores.
Una gran chimenea, un hogar de crepitante leña de los montes de Yeste, la mejor de la Mancha, ardía con alegre chisporroteo.
-Buenos días, Emilia –saludó Aura a la cocinera.
-Buenos días, Aurita –respondió la mujerona con confianza mientras se encaminaba, moviendo sus enormes nalgas con cadencia de reumática, hacia el vasar para tomar un tazón de limpieza escrupulosa y un plato de loza floreada en que preparar el desayuno de su señorita.
Emilia realizaba estas tareas con agrado, incluso con cariño. Había visto nacer a Aura, la había mecido infinidad de veces en sus brazos, había sido su “ama seca” (como se llama a las amas que no amamantan a las criaturas, que no son “amas de cría”) y, por eso, Aura siempre sería Aurita para ella. Y ningún gesto de orgullo que hiciera, ninguna palabra áspera que le dirigiera lograba hacer flaquear su devoción por ella. En esto resultaba impermeable. Como una madre.
Emilia había entregado su vida a la familia Soto, desde jovencita, cuando entró a servir en la casa grande. Como la que entra en un convento para profesar en él. Había hecho, podría decirse, votos perpetuos. Y no se arrepentía. Les estaba agradecida. Agradecida por haberle dejado vivir allí, gozando de una habitación para ella sola, en lugar de compartir un jergón de lana apelmazada con su hermana Salvadora, y tener la única y dudosa privacidad de una cortina, hecha con una jarapa de rayas, separando el espacio de las hermanas del que ocupaban sus hermanos varones, Germán, Cleto y Bartolo.
También disfrutaba Emilia sintiéndose ama de aquella cocina enorme, más grande que el chamizo que era la casucha en que había vivido con sus padres y hermanos.
Allí, en esa cocina, había de todo. La despensa estaba bien surtida. Emilia removía sus guisos, bien sabrosos, por cierto, con un buen cucharón que podía elegir de entre los que pendían de una tabla con ganchos, colgada sobre el enorme fregador de dos senos y buena losa de mármol para escurrir los cacharros de la fregaza.
Esto sin mencionar la cocina de hierro forjado negro y reluciente, con tiradores de bronce dorado, siempre impecables.
Pero lo mejor de todo era para Emilia la despensa, que podía llenar a voluntad, como cocinera de la casa y encargada de hacer la compra. Tenía carta blanca. Era casa de rumbo. No se escatimaba. ¡Ella que había pasado tantas privaciones en su niñez! ¡Al cabo que no presumía en la tienda de Ultramarinos de Joaquín mandando que le pusiera de esto y de lo otro, pero que fuera de lo mejor!
El mejor arroz de Calasparra, que traía en su camioneta, en saquitos de tela, Fermín el de la Muñoza.
Aceite de oliva de la almazara de Saturnino, harina de flor de trigo, tortas para el gazpacho de “La Perdiz”, y hasta caramelos de Hellín de La pajarita o de La Elisa, y del Congreso, con su yemita dentro.
¿Se privaban de algo sus señores? No ¿Le escatimaban a ella la comida? Tampoco.
La Emilia era feliz, le encantaba canturrear romances mientras se movía bamboleándose por su reino tinelario.
También sabía zarzuelas y otras coplillas de tono más populachero, así como cuplés de moda o coplas de Estrellita Castro que era su ídolo.
A Aura le gustaba oírla cantar. En especial, los romances. La hacían recuperar la infancia perdida. Cuando el acogedor pecho de Emilia, “abruzándola” en su vieja mecedora, sentada en su regazo, servía de refugio y consuelo en sus pequeños conflictos.
Por eso Aura también la quería, como a una segunda madre. Aunque ya no tuviera el mágico poder de curar su ánimo herido con un romance antiguo, que hablara de doncellas guerreras, de una dama y un rústico pastor, de una infantina encantada o de un conde que cabalga por la playa una mañana de San Juan.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Otro relato hiperbreve

CATÁSTROFE

Sobre aquel pequeño témpano de hielo a la deriva por el océano Glacial Ártico, los dos desafortunados exploradores se morían de frío.
Aún tenían consigo el trineo de madera en el que les había sorprendido la catástrofe. El más ingenioso de los dos, arrancó un par de palitroques y frotándolos enérgicamente, consiguió hacer fuego para calentarse. Hubiera sido mejor que no lo consiguiera. El hielo tardó menos de una hora en derretirse.

martes, 25 de noviembre de 2008

Un microrrelato sobre el placer de viajar


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POSOS DE TÉ
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Introdujo las hojas de té en la pequeña redecilla para infusiones.
Al beber los últimos sorbos de la taza que se preparó, observó que en el fondo habían quedado posos.
Sabía que algunos augures leían el futuro en los posos del café y se preguntó si los del té contendrían alguna respuesta al interrogante que llenaba sus pensamientos desde hacía ya varios días.
Miró atentamente el fondo de la taza, una vez colocada en su platillo, en perfecto reposo. Las últimas gotas de té arrastraron los finísimos fragmentos de hojas molidas, formando una especie de mapa de Grecia.
Sí, debía emprender ese viaje.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Microrrelatos



FOBIAS y FILIAS

Odiaba los tréboles de tres hojas porque siempre le daban un NO como respuesta, hasta que cayó en la cuenta de que empezaba a preguntar en el orden equivocado: “no, sí, no”. Cambió el orden: “sí, no, sí”, y desarrolló una gran afición a ellos.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Gredas del Bolnuevo

Las manos prodigiosas del constante viento
esculpen sueños en la piedra dura,
con los dedos de artista inspirado
que afina, poco a poco, su escultura.

Unas veces, cincela con sus golpes,
otras veces, modela y acaricia.
La greda se somete a sus dictados
y se deja formar por su pericia.

Y el mar allí, en la playa del Bolnuevo,
acompaña la obra conseguida
y aplaude con las palmas de las olas
el arte paciente de ese excelso artista.

En siglos incontables de tarea
logró el viento plasmar la imagen definida
de un sueño que se hace consistente
en la dorada greda detenida.

Mirando al mar azul
que lo ha soñado,
el paisaje encantado
de misterio palpita.

viernes, 21 de noviembre de 2008

El engaño de creer que los jóvenes no sufren.


Hoy repito una entrada antigua, de las primeras que hice, que tan sólo tuvo entonces un cometario.
He variado alguna frase, he modificado algún verso, pero es la misma que publiqué cuando aún no tenía seguidores de blog ni nada por el estilo.

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Ante este bello fruto de melocotón, que un día pinté al óleo, pienso en la incomprensión que sufren muchos jóvenes de nuestros días.

Conozco a jóvenes valiosísimos, con un corazón noble y generoso.
Ser joven no es una culpa.
La paradoja es que todos adoramos la juventud pero a menudo sólo vemos defectos en TODOS los jóvenes. Y no es justo, puesto que ni hay un saco único en que quepan todos, ni pasar por esa etapa de la vida es un delito.


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A LOS JÓVENES, porque también ellos necesitan una palabra de aliento.

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¿Acaso por ser joven no se sufre?
¿Acaso es insensible ante las penas
el que aún los años no ha cumplido
que le arrebaten el vigor y la belleza?

Se engañan los que juzgan que es lo mismo
ser joven que tener cabeza hueca.

Puede herir el alma siendo joven
que sólo serlo ya motive la sospecha
de que vas a ser un ente irresponsable,
de que te dará igual que arda la Tierra.
¡Que sufran otros , que otros se preocupen!
¡Tú te pones el Mundo por montera!
Eso creen que estás pensando,
y sé que te hace daño esa sospecha.


Y no es así siempre, son los jóvenes
los que hacen que florezca la nobleza
en los corazones generosos
que existen -yo doy fe- en la gente nueva.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Paco Illán: el libro y el ser humano.

Ayer, día 19 de noviembre, presento Paco Illán su novela "El rey de las Esfinges" en FNAC de Murcia. Estuvimos allí muchos incondicionales de su literatura, y digo incondicionales en doble sentido, porque a su prosa no se le pueden sacar "peros" de ninguna clase.
En la imagen aparece estrechando la mano del pintor Antonio Verdú Asís, un artista de pies a cabeza que, por cierto, ha expuesto hace poco y va a exponer pronto de nuevo.
Dos excelentes artistas y dos excelentes personas, lo cual es mucho más importante sin duda.



Firmando y sindo fotografiado. Todos lo escuchamos complacidos cuando habló, porque nos hablaba como a amigos, aunque a algunos no nos conociera.

dedicando su libro a otro escritor. Por lo que parece, allí había un nutrido grupo de autores. Ya se sabe: Dios los cría y ellos se juntan.



Por fin conocía en persona a Francisco Javier Illán Vivas. Aquí estoy con él.



¿Qué me pondrá en la dedicatoria? -me preguntaba yo. Pues les diré que me encantaron sus palabras, bien conoce lo que es el mar para mí.




Asistentes al acto. Disfrutando de la presentación.






La mesa . Editor y Director de Vegamedia flanquean al autor.





Illán Vivas lee un fragmento escogido de su libro, el EPÍLOGO, empleando la argucia de Sherezade para cautivar nuestra fidelidad a su narración. Aunque nos anunció que habremos de esperar un par de años al menos para saber en que acaban las aventuras de los Celestiales.







lunes, 10 de noviembre de 2008

La burla

Muchas veces parece -¿no es muy cierto?- que la vida
se burla despiadada.
Y parece que nos saca la lengua desdeñosa y ceñuda,
y nos escupe en el rostro , como expresando rabia.
Muchas veces parece -¿no es muy cierto?- que la luz,
la alegría, nos ha vuelto la espalda
como si fuese lámpara huidiza o postigo cerrado de ventana.
Muchas veces parece- no es mentira- que nos cae en la cabeza una cascada
de agua fría que hiela el pensamiento,
de -podría decirse- lava helada
si la lava pudiera ser de nieve
y matarnos con golpes fríos de escarcha,
como matan a veces las miradas
como siempre nos matan las palabras.
Muchas veces parece que la burla
es un látigo que azota las espaldas.

sábado, 1 de noviembre de 2008

COLTAN

Acabo de recibir un e-mail de Amnistía Internacional, se titula "El precio de tu ordenador es elevadísimo", y se argumenta en base a que las nuevas tecnologías de la información (ordenadores, teléfonos móviles) necesitan un material llamado coltan que es imprescindible en su fabricación. El 80% de las reservas de coltan en el planeta están en El Congo. La posesión de tan preciada fuente de negocio se disputa al precio sangriento de millones de vidas en una guerra interminable que desgarra al África Central y que tiene su raíz en la ambición humana y la apetencia por el coltan.
Miles y miles de criaturas son arrancadas de la escuela o del hogar para luchar, matar, violar o ser violadas o masacradas en ese conflicto interminable, sin vias aparentes de solución.
En nuestra desarrollada civilización parece que nadie puede ya prescindir del ordenador y, menos aún, del teléfono móvil. Pero yo no tenía ni idea que tuviesen tal precio humano.
Ante esta noticia, de la que también se hace eco el maravilloso novelista Alberto Vázque Figueroa en su novela titulada "Coltan", de la que tengo ya algunas referencias recientes, me pregunto angustiada qué hacer. Acaso dejar de usar el ordenador, desterrar el teléfono móvil, dejar de ver el televisor...¿qué sería moralmente aconsejable? ¿estamos matando, indirectamente, cada vez que enviamos un e-mail, como se desprende del artículo de Amnistía Internacional?
El caso es que estos instrumentos son una exigencia en nuestra labor profesional para muchos de nosotros. El caso es que nadie nos dijo nada de esto hasta ahora. El caso es que parecía del todo inocente manejar un ordenador, tener un televisor de pantalla plana, hacer o recibir una llamada de teléfono móvil..., pero no lo era, no lo es.
Es una nueva angustia, un nuevo cargo de conciencia que se suma al que todos llevamos ya a nuestras espaldas, si es que sentimos el imperativo moral de no hacer daño al prójimo.
A veces siento el deseo de aislarme de este mundo contaminado de intereses ocultos, de rastreras ambiciones que desencadenan conflictos bélicos para el provecho de fabricantes de armas y esclavizadores de almas, compradas con el dinero manchado de sangre inocente.
Les recomiendo que vean una película que se llama "El señor de la guerra", de Nicolas Cage.
El tema son las armas, pero es lo mismo. Muchos ricos necesitan que haya guerras para prospera, al fin y al cabo, viven como reyes de la venta de armamento. Otros siembran los campos de minas antipersona y mutilan a cientos de criaturas que simplemente pasaban por allí.
Ahora descubrimos lo del coltan.
Y yo no me explico como la gente tiene ganas de preocuparse de frivolidades como son las modas y hasta el fútbol -el nuevo dios, la nueva idolatría, hay incluso una Iglesia Maradoniana, no es broma- y pasa de largo por estos escándalos, tan visbles como las luces de los prostíbulos de carretera, últimamente instalados muchos en naves industriales, la industria de la indignidad, en el siglo que quiere conseguir justicia para la mujer, dignidad de ser humano...Pero nadie vemos nada, pasamos de largo...
¡Qué angustia! ¡Qué horror y qué vergüenza!

viernes, 24 de octubre de 2008

Microrrelatos en honor de Ramón Gómez de la Serna

Comienzo hoy una serie de Microrrelatos en este blog, que tan anárquicamente escribo.
Para ser sincera, este tipo de relato no me parece sino una especie de chispazo, insuficiente para desarrollar una verdadera narración.
Considero el microrrelato algo así como una greguería algo crecida, pero subsidiaria del ingenio.
En honor de Ramón Gómez de la Serna.




CONSULTAR CON LA ALMOHADA
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Siempre había oído decir que los problemas y las grandes decisiones habían de consultarse con la almohada. Por eso no se extrañó cuando comprobó que su almohada hablaba, mejor dicho, le hablaba a él cada vez que su mente estaba ocupada por algún dilema.
-¿Y cuándo no tenía ningún asunto que analizar ni tenía que tomar ninguna decisión?
-Entonces la almohada hacía música o imitaba el sonido del viento o del mar.

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lunes, 20 de octubre de 2008

Imágenes de la exposición de Antonio Verdú Asís

UUna auténtica obra maestra. Notre Dame de París, recibiendo la luz en la fachada y vista, sin embargo, desde el cimborrio.
El magnífico pintor, en el centro, flanqueado por el también pintor y dibujante Álvaro Peña y por mí.


Tres amigos frente a una vista impresionista de la fachada de la catedral murciana en noche de concierto. A Álvaro Peña le agradó especialmente, fue él quien sugirió este lienzo como fondo para la foto.


Yo con Sole, la bella esposa de Antoni Verdú, a la que considero ya una amiga mía.


Con Álvaro y su madre, que conocí esa tarde. Simpatizamos inmediatamente.





La calle del caño y el castillo de Mula, el lienzo que me dejó absolutamente subyugada. La foto no hace justicia a su luminosidad, pero al natural asombra. Una obra maestra.




sábado, 18 de octubre de 2008

Antonio Verdú Asís, pintor de la luz




Ayer, 17 de octubre de 2008, se inauguró en la Sala de Exposiciones Gregorio García Sánchez, de Torre Pacheco, la exposición Paisaje Urbano del pintor Antonio Verdú Asís. Me había invitado el propio pintor, que ha tenido la deferencia de incluir unas líneas mías sobre su obra en el programa de Caja Murcia. Estas líneas mías son fiel reflejo de la admiración que profeso a su obra, y dicen así:
Sus paisaje, magistralmente recreados en sus lienzos, son el exponente del amor que el pintor siente por ellos. Me admira la plasticidad de sus obras, que hace casi palpables las imágenes representadas, dotándolas de vida gracias a la fluidez técnica de la que este artista hace gala y que es propia de una mano hecha a acariciar el paisaje, trasladándolo de la realidad al arte figurativo más depurado. Cada uno de sus cuadros certifica que Antonio Verdú Asís es un verdadero pintor, un pintor de Molina de Segura, un pintor del mundo.

Asistir a un evento cultural protagonizado por él fue, por tanto, toda una experiencia gozosa para mí e imagino que para todos los que allí nos reunimos alrededor del artista. La razón es que tuvimos el privilegio de extasiarnos ante 21 lienzos de una vez, todos tan cautivadores en su interpretación del paisaje urbano que no se sabía a cuál de ellos dirigir la atención, pues la mirada ansiaba abarcarlos todos para saborearlos con fruición estética, así como el que se encuentra ante una mesa surtida de delicadezas apetitosas va degustando una y después otra, para retornar al punto a la primera que degustó y abandonarla a su vez por la segunda o la tercera o quién sabe cuál. Si se dice que se come también con la vista, habrá que imaginar lo que es apreciar un arte plástico como la pintura, entonces sí que se mira la obra y se come -permítanme la metáfora- con la vista. Pero también se mira con los ojos de la sensibilidad, que son los que nos hacen disfrutar más y mejor cuanto más avezados estén a demorarse en la belleza que sólo puede crear un artista, un demiurgo de lo inaprensible con la mera mirada, y aprensible, sin embargo, con la chispa divina de la inteligencia humana.
Después de esta disquisición inicial sobre el arte pictórico, me permitiré opinar sobre la exposición, aunque forzosamente, lo haré desde mi particular perspectiva, lo cual significa que expondré, como el pintor expone sus lienzos, el efecto que me produjeron a mí, pues que yo no sé expresarme más que “Con el corazón en la mano”, tal como reza el título de este humilde blog que escribo.
Al entrar en la sala lo primero que experimenté fue auténtico deslumbramiento, y empleo el término en todas sus acepciones, pero especialmente en la que dice que deslumbramiento es la turbación de la vista por una luz repentina, pues eso exactamente fue lo que me sucedió: que los lienzos expuestos, sin el aditamento de marcos ni molduras de ninguna clase, me dejaron admirada (otra acepción) y me produjeron una gran impresión con su exceso de lujo (otra acepción más). Y es que no hay mayor lujo para la mirada que la belleza sublimada en arte, en este caso en el arte admirable y luminoso del pintor Antonio Verdú Asís.
La luz de los lienzos de Verdú Asís es la misma que la que alegra el ánimo desde las obras de Joaquín Sorolla, y es que ambos son pintores de la luz mediterránea, no la inventan, claro está, la luz nos la da el sol, pero hacen algo casi imposible: apresarla con sus pinceles y encadenarla- gloriosamente libre, paradójicamente- a sus telas para gozo y disfrute de los que tengan la suerte de contemplarlas.
La muestra de Paisaje Urbano consta de 21 lienzos, 14 de ellos de formato vertical y los 7 restantes de formato apaisado, todos ellos de buen tamaño. Creo que conté tres obras cuyo motivo era Venecia y otro más con motivo parisino, Notre Dame, concretamente, que sirve de presentación al cartel y al programa de la exposición. En el resto los paisajes eran de Murcia capital, excepto uno sobre Mula y otro sobre el Monasterio de los Jerónimos, en Guadalupe.
Sería interminable describir lo que cada una de estas obras, y todas en conjunto, me inspiraron. Sentí que comprendía y compartía el punto de vista del autor de tales maravillas y -pueden creerme- eso es lo más satisfactorio que puede experimentar el que se acerca a cualquier obra artística. Supe -y lo confirme preguntándoselo al propio pintor- que había buscado la diferencia de perspectivas de un mismo motivo (la torre de la catedral, su imafronte, el arco de Santo Domingo, el Puente Viejo) no sólo a través del encuadre escogido, sino de la hora del día en que la mirada los percibe.
Así, contemplamos el imafronte o fachada de la catedral de Murcia hacia las seis de la tarde, con pequeños grupos de turistas que la admiran, ya bajo la sombra que cae sobre ellos desde el palacio episcopal. En otro lienzo vemos la misma fachada en plena noche, pero se trata de una “Noche de orquesta”, hay un tablado alzado y unos músicos que tienen como decorado el lujo barroco del principal templo murciano. Unos focos rompen la noche y proyectan su luz sobre algunas esculturas de la fachada, sobre el medallón central, con Santa María, especialmente. Los espectadores, sentados, casi se pueden tocar. La pincelada es rápida, sin duda se trata de la obra más impresionista de toda la muestra, los tonos azules en su gama más profunda. Una maravilla.
La torre de la catedral (que los murcianos dicen a la Virgen de la Fuensanta en el himno que con los ojos de hito en hito mirando está noche y día tu santuario bendito) aparece en lienzos de formato, naturalmente, vertical en ocho de los lienzos, pero en ninguno de ellos se repite, porque el artista va dando vueltas alrededor de ella, la sobrevuela o la mira desde su base.
Técnicamente, el pintor se sirve de la sombra para representar vívidamente los contornos, y a través de la sombra atrapa las líneas que traslada a las telas. Es delicado y detallista en los motivos arquitectónicos, el espectador ve realmente (porque el pintor no deja de lado el realismo) la torre, el edificio del antiguo Hotel Victoria, el Malecón, el Puente Viejo o lo que sea cada vez, pero también es impresionista, esto se advierte en su juego de pinceladas para representar los celajes (el cielo murciano o veneciano o parisino, tan diferentes los unos de los otros) o el agua de los canales de Venecia, del majestuoso Sena o de nuestro depauperado río Segura. En los tres casos se siente temblar la superficie del agua gracias a las pinceladas rápidas en que la alternancia cromática es una constante, con toques argentados casi. El efecto es sorprendente: los cuadros tienen luz, es más, tienen su luz propia, que no es la misma para todos, sino la que e, la que corresponde en cada caso, y no otra. No se sirve el pintor de comodines que para todo sirven, a conveniencia, sino que da a cada cual lo que en verdad es suyo.
El Puente Viejo es otro paisaje urbano que halla en el pintor Verdú Asís su particular biógrafo – permítanme de nuevo que recurra a la metáfora- porque yo creo que los paisaje tienen vida, claro que sí, a decir verdad, creo que tienen vidas, porque atesoran las de todos aquellos que los contemplaron o transitaron. Y aquí está nuestro puente visto desde los Molinos del Río con el viejo edificio de ladrillo rojo del Hotel Victoria y el mercado de Verónicas entrevisto al fondo, o la otra vista del Puente, vertical, que nos muestra la hornacina de la Virgen de los Peligros recibiendo la plena luz solar, expandiendo su reflejo desde el lienzo a los ojos del espectador.
La fachada del Teatro Romea, el Monasterio de los Jerónimos son alardes de representación de edificios, así como lo es de un motivo natural el lienzo del Ficus gigantesco.
Pero el pintor no puede disimular que siente preferencia por el Arco de Santo Domingo, y la plaza de igual nombre. Ahí vuela, se eleva como artista hasta cotas de genialidad. El juego de sombras en el interior del arco es magistral, hay que verlo y dejarse seducir por la imagen, reconocible para cualquiera que haya atravesado el arco, desde la plaza del santo a la del Romea.
Notre Dame es otro de los lienzos geniales del artista, quizás su preferido, puesto que es el que sirve de presentación a la exposición. Aquí dejaré hablar a otro espectador, se trata de mi marido, Javier Canales Meseguer, que conoce más que yo la Historia del Arte, la arquitectura gótica, y además conoce París, cosa que no puedo decir yo. Así es que diré de este lienzo lo que él me comentó. Según él, este es un cuadro al que las fotografías no hacen justicia, uno de esos cuadros que se han visto previamente en el programa y que uno no espera encontrar tan diferentes en la realidad, y sin embargo lo son, y para bien, porque este lienzo visto al natural deja absorto, admira, asombra. Es magnífico. Impresionista, originalísimo puesto que ofrece una perspectiva del monumento no cultivada habitualmente. En vez de representar la fachada, representa el cimborrio, la majestuosidad gótica de los arbotantes y contrafuertes. Sin duda, la fachada recibe la luz a ella dirigida, nosotros podemos verla en su reflejo, que nos deslumbra aun estando nosotros tras el edificio, y en las aguas mansas del río que corteja al prodigio gótico, tan acertadamente representado.
Eso y más dijo él. Pero yo me sentí cautivada por otro cuadro y lo confesaré sin ambages. Para mí, por su originalidad, por su genial tratamiento de la luz, el preferido fue el de la “Calle del Caño y Castillo de Mula”. Hace poco que estuve allí con mi marido, y yo, particularmente, volví a estar allí en la exposición de Antonio Verdú Asís, y no sólo estuve allí, sino que ascendí de nuevo por la pina calle del cuadro y recibí el sol en pleno rostro al llegar al final, a la plazuela de la alta iglesia, a pesar de que la sala de exposiciones estaba en Torre Pacheco y eran las ocho de la tarde, noche ya en esta época del año. No se puede decir más de un cuadro, al menos yo no puedo, si es que se quiere hablar con el corazón y con la sensibilidad de par en par, como a mí me gusta hablar. Tecnicismos aparte, el cuadró me encantó. Pero es que también tengo que referirme a la técnica, y técnicamente el lienzo es genial. Visto de lejos, con la adecuada perspectiva, el cuadro posee luz propia. A mí me hacía el efecto de uno de esos cuadros a través de los que se transparenta una luz colocada tras ellos. Pero no era eso, desde luego, sino el sol, el propio sol que se había colado en el óleo del artista y se derramaba dulcemente sobre las murallas impertérritas del castillo, sin más, para besar con delectación esta vez la fachada y la torre de la iglesia, al final de la cuesta empinada que hay que subir para llegar a ella. La calle, estrecha y por lo tanto con sombra, muestra sus fachadas, en tonos ocres, azul, rojizo, un escenario multicromático que desemboca en la explosión luminosa del fondo, que domina el lienzo como si fuese su corazón y su razón de ser.
Creo que estos cuadros reflejan tanto los paisajes como el paisaje interior del artista, a través de su mirada que se apropia como nadie de la luz. Prometeo dio el fuego de los dioses a los hombres. Antonio Verdú Asís, como un nuevo Prometeo del arte, nos ofrece la luz, la ha atrapado con su pincel para darla a los que se acerquen a sus cuadros.
Para terminar, un consejo: no dejen de ver la exposición, se perderían una auténtica maravilla.


Rosa María Eugenia Cáceres Hidalgo de Cisneros

domingo, 5 de octubre de 2008

Una narración sobre ídolos

La desaparición de los héroes
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Ha cundido el pánico en el mundo a causa de lo que está ocurriendo en España, que de momento es el primer país en sufrir un extraño fenómeno que sería la hecatombe, el verdadero fin de la humanidad, si acaso se extendiera al modo de una epidemia al resto de los países del planeta. La información sobre este rarísimo fenómeno llena las portadas de todos los diarios y abre el espacio de Noticias en todas las cadenas de televisión. Y es que no es para menos. La cosa es gravísima. Al parecer, desde hace unos días están desapareciendo uno a uno, sin dejar el menor rastro, los mejores jugadores de fútbol de los equipos estrella. No me negarán la importancia del suceso. Aunque las autoridades han intentado por todos los medios mantener en secreto este caso, les ha sido imposible por su propia naturaleza. No es fácil que el público crea que un número considerable de jugadores está indispuesto. Esto se usó como tapadera cuando faltaron cinco o seis, pero ahora que faltan casi todos, y de todos los equipos, además, los rumores se expanden como una epidemia de terror y consternación. Es imposible ocultar lo que está pasando. Naturalmente, la repercusión mediática que está teniendo el caso no conoce precedentes. La realidad es que está desencadenando un estado de alarma que puede írsele de las manos en cualquier momento a las autoridades, y quién sabe hasta dónde podrían llegar las cosas si la Policía no descubre a tiempo a los culpables, porque las masas se están inquietando y amenazan levantarse como la masa, valga la redundancia, de un bizcocho a la que se ha añadido demasiada levadura.
Temiendo esta rebelión, la Policía ha creado un dispositivo de búsqueda sin precedentes (al igual que el suceso que estamos analizando, que tampoco se ha dado nunca en España) poniendo a sus mejores detectives al frente de las investigaciones y empleando en las pesquisas todos sus efectivos. Los hombres y mujeres de los Cuerpos de Seguridad del Estado se hallan exclusivamente dedicados a este caso desconcertante, e incluso la Guardia Civil, la Benemérita, imagínense ustedes, ha abandonado todo cometido que no se refiera a este enigma.
La INTERPOL ha tomado cartas en el asunto y los Ejércitos de la Naciones Unidas recibirán pronto la orden de entrar en acción si fuera necesario, que parece que sí que va a serlo, ya juzgarán ustedes. No parece existir más que este problema en el mundo, desde que empezó el extraño fenómeno que a todos quita el sueño.
Y es que no se puede negar que el problema es de crucial importancia: ¡¡Han desaparecido las plantillas completas de todos los equipos de la Liga Profesional de Fútbol de España!! ¡¡Sí señores, las plantillas de los veinte equipos al completo, desde los jugadores a los entrenadores!! ¡¡Ni uno ha quedado!!
¿Dónde están estos hombres? ¿Acaso se han puesto de acuerdo para esconderse todos y sumir así en la desesperación a la población española y , de paso, poner en estado de excepción al mundo entero que comparte el dolor por semejante tragedia?
¡Estamos huérfanos de guías espirituales! ¡Vamos a la deriva, a la catástrofe, al sin sentido vital!
En pocos días, se han esfumado los hombres del Real Madrid C.F., el F.C. Barcelona, el Barça para los amigos (habrán adivinado que es mi equipo), el Espanyol, el Atlético de Madrid, el Valencia, el Sevilla, el Real Murcia, el Real Zaragoza, el Real Valladolid, el Real Betis (¡Cuánta realeza balompédica!), el Getafe, el Recreativo de Huelva, el Osasuna, el Athletic, el Deportivo de La Coruña… ¡No puedo seguir! Compréndanme, estoy destrozado, y es no es para menos, no es pequeño número de hombres, calculen ustedes, pero además es que no son hombres cualquiera sino que son la honra y prez de la Nación. Me he puesto solemne, lo sé, pero es lo que la ocasión merece.
La atención que el asunto está recibiendo por parte de la Policía, como ya les dije, es exclusiva, de ahí a que los maleantes campen a sus anchas sin que nadie se lo estorbe. Yo mismo he sufrido ya varios atracos, pero me lo he tomado como una molestia sin importancia, un mero contratiempo. De estas tonterías al problemón que España tiene va un buen trecho, vamos, que hay un abismo. Claro que siempre hay quién protesta de esta “falta de protección”, como dicen. Es gente sin sentido de la medida, que no comprende que hay cuestiones prioritarias que trasforman en secundarias cosas tan tontas como que a uno le quiten el dinero que acaba de sacar del cajero automático del banco o que le apanden el coche. Son minucias, pero ellos chillan y dicen que son “víctimas” - los muy exagerados- y aducen que de nada les vale a las “víctimas” de las tropelías que todos los días se cometen, ya sean más graves o menos graves, clamar por su derecho a la protección policial o, al menos, a una debida atención cuando acuden a denunciar el delito cometido contra ellos. Con su egoísta victimismo, afirman y denuncian que ellos, los ciudadanos de bien, encuentran nula respuesta a sus demandas, incluyendo familias con algún secuestrado, mujeres maltratadas, ricachones atracados por bandas organizadas de malhechores, joyeros expoliados de su valiosa mercancía de oro, plata, platino y piedras preciosas, inmigrantes apaleados por energúmenos xenófobos, transeúntes aligerados de su móvil o su billetero por el carterista de turno o el descuidero que actúa en grandes almacenes.
Hablando de grandes almacenes, la crisis se ha contagiado a estos centros comerciales, porque todo el mundo está tan preocupado por lo que pasa que nadie tiene humor de comprar nada superfluo, y si bien se piensa, el 99% de los objetos que venden en esos grandes templos del consumismo son completamente inútiles y, en consecuencia, perfectamente prescindibles.
Excepto los bienes necesarios para la subsistencia –alimentos y medicinas- la gente ha dejado de adquirir de todo lo demás (yo el primero) porque ya resultan indiferentes las minucias que antes nos preocupaban. Para decir toda la verdad, hay quien incluso ya no va a la farmacia a por sus medicamentos, entre otras razones, porque ya muchos han perdido la ilusión por curarse, por vivir, en suma. Dicen que para qué quieren seguir viviendo si ya no hay fútbol. Y es que, efectivamente, no lo hay. Se han cerrado los estadios por miedo a algún atentado o a una catástrofe masiva, que podría ser una hecatombe de espectadores, árbitros, jueces de línea y, sobre todo, de jugadores destacados, aunque sean ya de equipos de segunda o tercera, lo cual sería terrible, porque a falta de figuras, sirven de sustitutivo para el público. Son una especie de metadona humana de los astros del deporte rey. Si desaparecieran ellos también…
Nadie se atreve a pensar en un supuesto así. El entrenador de un equipo declaró a los medios que su corazón no soportaría verse privado de uno solo de sus futbolistas. Se han dado casos particularmente dramáticos de afectados por el suceso. Daré algunos ejemplos y ustedes mismos juzgarán:
Un banquero dijo que si el delantero centro de su equipo desapareciera, él se tiraría por el viaducto. Estas declaraciones tan drásticas hicieron de dominio público que se había enamorado apasionadamente del atlético jugador de balompié. Las Revistas del Corazón entraron a saco en los entresijos de la relación, el programa Salsa Asquerosa debatió el tema de los amoríos entre banqueros y deportistas y lo mismo hicieron los espacios Culebrón Culebrón y Diario de Malicia.
Pero hubo otro caso que saltó a los noticiarios de medio mundo:
Todo un señor catedrático de la Complutense se rasgó la toga y ante las cámaras de televisión de varios enviados especiales de un buen número de países, pisoteó el birrete en un puro ataque de histeria, jurando que Quevedo, Góngora, Garcilaso y Cervantes habían sido unos pobres seres que en nada podían compararse con Berkam, Gruti y Manduti y Nalrodiño, que eran los auténticos genios del arte, muy superiores igualmente a Shakespeare, Moliere, Balzac, Galdós y, en nuestros días, a García Márquez y al mismísimo Arturo Pérez Reverte. Naturalmente, este señor tan atribulado era catedrático de Literatura, lo cual explica su conocimiento de aquello en que consiste una verdadera tragedia griega. Ni siquiera faltó el coro, porque otros tantos catedráticos lo imitaron y tiraron igualmente sus birretes al suelo para pisotearlos con denuedo rabioso, como si estuvieran bailándoles encima el zapateado de Sarasate.
Claro, el gesto tuvo bastante repercusión mediática, no suficientemente grande como para que cundiera el pánico en el mundo, porque afortunadamente estas noticias culturales no las siguen más que cuatro majaretas que no tienen criterio, pero alguna alarma sí que creó desde luego, puesto que se trataba de una reacción colateral al tema que a todos quitaba el sueño, que no era otro, faltaría más, que eso de que los futbolistas estuvieran desapareciendo como si se los llevara el viento.
Además, todo eso del pisoteo de birretes y de rasgarse en masa las vestiduras (las togas, para mayor exactitud) tuvo lugar en el Aula Magna de la Universidad de Alcalá de Henares, en la que se procedía al acto de investidura como Doctor Honoris Causa del último Premio Nobel de Literatura, a la sazón, Monandhas Galandhas, digno asceta y escritor hindú que montó en cólera, pese a sus años de práctica en la espiritualidad y el yoga, al ver tan lamentable espectáculo que, al comienzo interpretó (desconocedor de las costumbres españolas) como un homenaje de tipo folclórico en el cual consideró descortés no colaborar, en reciprocidad al entusiasmo de los académicos. Creyéndolo así, el buen señor se dio un tirón de la túnica que vestía y se la arrancó del magro cuerpecillo, dejando ver unas piernas como palillos de tambor y unos hombros con unos alerones esqueléticos parecidos a los de un pollo desplumado. Y con entusiasta agradecimiento, pretendió emular el gesto del birrete (por aquello que debe ser patrimonio de la sabiduría de todos los pueblos de que donde fueres haz lo que vieres) y despojándose del turbante, que era de una pieza, dejó ver su cabeza un tanto apepinada y calva en la que lucían una docena de hirsutos pelos indómitos que le daban un aspecto francamente lamentable.
Cuando su traductor le sopló al oído que la melopea que entonaban todos a coro no era un cántico panegírico de su obra, sino una especie de endecha por la suspensión de los partidos de fútbol en España, el famoso asceta sintió que se desmoronaba toda su filosofía y que su obra era un vano ejercicio teórico, puesto que llegado a una verdadera encrucijada vital como era aquella en que se hallaba, no le venían a la mente ideas de resignada sumisión al karma sino unos irrefrenables instintos asesinos cuyos inspiradores eran esos tipos desquiciados, ataviados con mucetas de variados tonos, amarillas, azules, rojas, que se contorsionaban como posesos y berreaban, algunos ya con lágrimas en los ojos o dejándose caer al suelo en medio de una pataleta convulsa. Esta verdad sobre su tarea (toda una vida meditando y practicando la austeridad más espartana) fue devastadora para su moral y, por consiguiente, para su equilibrio mental.
Monandhas Galandhas, para mayor oprobio, fue captado por las cámaras de televisión y fotografiado por los reporteros (allí presentes para dar fe del solemne acto) en paños menores y con los ojos desorbitados por el estupor, con lo que ya –bien lo sabía- no podría desprenderse de la etiqueta de loco de remate en todo lo que le quedaba de vida y quién sabe si en La India se le relegaría a un estadio social inferior, en virtud de su supuesta desvergüenza y su falta de decoro. Ahí es nada, en taparrabos en todas las portadas de los periódicos y revistas culturales. Y que ese día precisamente el taparrabos que se había calzado estaba ya hecho jirones, si lo hubiera sabido, por lo menos se hubiera puesto un Kalkin Kleis blanco con cinturilla bordada en arabescos verdes que era una pasada y que tenía sin estrenar. Y es que ¡hombre, eso se avisa!

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El Soldado Explorador SX7815 sonrió ampliamente cuando el General Supremo GS1153 lo felicitó ante todos los presentes en el Salón de Honor del Alto Consejo del Planeta Zenzur. Acto seguido, el propio Presidente del Gobierno Zenzuriano le impuso la máxima condecoración que se le hubiera podido otorgar: la Estrella Magnética de Uranio.
Los asistentes al solemne acto pusieron en marcha sus Reactivos de Sonido y no cesaron de producir zumbidos de honor hasta que las baterías de los aparatos se agotaron una tras otra. Entonces el Presidente Zenzuriano le habló para agradecerle, en nombre de todos los habitantes del planeta Zenzur, la gesta que había llevado a cabo:
-¡Gratitud eterna de Zenzur al Explorador que nos ha traído a los Dioses, arrancándolos del Planeta Tierra, que gozaba de su presencia! ¡Ahora nosotros los zenzurianos , pueblo hasta hoy sin religión, seremos los afortunados, pues tendremos el honor de adorarlos y de implorar que realicen prodigios en nuestro favor, llenando a las muchedumbres de alegría y de fervor, como han hecho en sus templos verdes de la Tierra! ¡Hurra por SX7815, hurra, hurra, hurra!,
El Soldado Explorador SX7815 estaba tan emocionado que inició una serie de fluctuaciones de color corporal, pasando del color lila (el natural en su piel) al azul, y luego del verde al morado (la variación más espectacular de todas) para volver poco a poco al lila, una vez recuperado el dominio de su emotividad exaltada y -¿por qué no decirlo?- de su ego, halagado hasta el extremo de hacerle perder la habitual impavidez de militar curtido en cien misiones interespaciales.
Desde la tribuna en que los habían hecho sentar, Berkam, Gruti, Manduti y Nalrodinho no salían de salían de su asombro y no sabían qué pensar, en parte porque no estaban muy entrenados en usar el pensamiento, ya que su entrenamiento no pasaba de la altura de sus pies y sus piernas.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Si vuelvo atrás la mirada


Si vuelvo atrás la mirada,
al camino recorrido,
a las penas y los gozos,
a los amores vividos,
los días tristes y alegres,
los lunes y los domingos,
los tonos claros y oscuros
son un espejo en que miro
y veo reflejado todo el camino recorrido.
Se hacen presentes en mi alma
los que anduvieron conmigo,
aquellos que me quisieron
y alguno que me maldijo.
Claroscuros del paisaje,
flor y piedra, hiel y vino,
avatares que ocurrieron en mi andar de peregrino.
Y no hay ya senda de vuelta,
que se cumplió mi destino,
ya no puede desandarse el camino recorrido.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Memorias de lo imaginado


Os presento una de mis narraciones. Pertenece a la antología de cuentos "TIC-TAC 8Relatos contra el tiempo" de la Editorial Atlantis (Madrid 2007), en esa antología escriben ESpido Freire, Luis Eduardo Aute, Leopoldo Alas y otros escritores de renombre. Me honra compartir un espacio literario con ellos.
El relato se titula "Memorias de lo imaginado" y su tema es mi preferido: la intrincada maraña de deseos y realidades, verdades y falacias, maldad y bondad, que conforman al ser humano.


Me llamo Garamonda y soy ya muy vieja, tanto que ni yo misma sé calcular mis años. El tiempo ha pasado en mi vida como pasan las noches dormidas para los que las duermen: insensiblemente, como a traición.
Un siervo de la gleba se levanta a la hora en que sale el sol para abordar su penosa tarea. Las dulces horas del descanso nocturno se le han resbalado entre los párpados sin dejarle más que el deletéreo recuerdo de lo soñado. Igual que ese siervo me asombro yo de que los días de mi vida se me hayan deslizado sin remedio, dejándome apenas el ambiguo sabor de lo vivido sin plenitud ni goce.
Ahora que ya soy una vieja decrépita, la gente, esa masa sin alma de seres crueles, me deja en paz y me permite recogerme en mí -sin tener que preocuparme en ocultarme - para hacer balance de mis acciones recordadas. Pero me sobreviene la duda de cuáles de mis recuerdos son reales y cuáles ficticios. No obstante, es hora de recapitular sobre los hechos que jalonaron el camino de mis días y poco importa la veracidad de mis recuerdos, puesto que nadie fue cronista de mi vida, más que yo misma. Mi memoria flaquea pero, flaca y todo, es mi única compañera en estos tiempos de ocaso vital. Ella me permite revivir mi pasado y yo me permito creerla, aunque sé que se ha vuelto mentirosa y amiga de fantasear como si fuese juglar o juglaresa, pues es memoria femenil y todos tachan a la mujer de ser mentiroso. Mi frágil memoria es la voz que me interpela en mis solitarias tardes.
Desde rapaza solía fabricarme recuerdos de cosas que nunca me sucedieron de verdad. Me hice alquimista de la memoria. También hablaba sola, pues no hubo quien mostrara deseos de conversar conmigo en amor y compaña. Sola estuve siempre y llegué a estar mejor así que con personas cerca.

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Me llaman Garamonda la Meiga y vi la primera luz en las montañas de Galicia. Mi madre me abandonó, o murió - eso no lo supe nunca- siendo yo tan pequeña que no conservo ninguna imagen de ella en la memoria. En cuanto a mi padre, dicen los aldeanos que ni ella supo con seguridad quién era, así es que menos pude saberlo yo.
Empero, la circunstancia de no saber nada de mis padres me permite imaginarlos a mi antojo. Me gusta crear en mi mente el recuerdo inexistente de una madre hermosa sobre toda ponderación, lirio entre mujeres, y de un padre apuesto y gentil fenecido en una heroica acción guerrera. Pensarlos como los hubiera querido no los hace verdaderamente así, pero a mí me sirve de consuelo. Y a fe que lo necesito, pues la vida ha sido casi un castigo para mí y nadie se ha mostrado piadoso conmigo.
Crecí medio salvaje, abandonada y fea, terriblemente fea, según la opinión general. Una mancha púrpura cubría casi toda mi cara. Nací con ella para mi desgracia. Las gentes decían que era la marca que los muchos besos que el Diablo- mi padre decían que era- me habían dejado. Cuando fui ya una moza, aún se acrecentó mi fealdad. En el lugar los que se cruzaban conmigo hacían la señal de la cruz tal y como si se hubieran encontrado con el Diaño. Yo para defenderme me acostumbré a hacer burla de los pusilánimes y los beatos sin alma que tal afrenta me hacían, llamando hija de Satanás a quien, como yo, ningún mal les había causado.
Día tras día fue creciendo en mí el odio, alimentado por los dichos que contra mí corrían por aquellas montañas y la inquina iba creciendo dentro de mi sangre como la peste crece en tiempos de epidemia. Sí era verdad que yo era monstruosa, pues amén de haber nacido con la mancha que ya he dicho que tenía, de nena había caído en una hoguera y me había quemado el rostro y el pelo, sin el que me quedé para siempre. Pero todavía más horrible fueron haciendo mi interior las gentes que murmuraban falsedades sobre mí. Había quien afirmaba haberme visto en compañía de un enorme Macho Cabrío que fornicaba conmigo mientras pisaba con sus pezuñas la tumba del santo ermitaño Radegundo, que se venera en la aldea, había quien contaba que me había visto fabricar una poción con el veneno de seis culebras, seis alacranes y seis hongos ponzoñosos, en memoria de los tres seises que gusta tatuar a sus elegidos el Demonio. Incluso había quien juraba que yo tenía poderes maléficos de los que era mejor guardarse y, para apoyar su dicterio, contaba algún hecho adverso que le había acaecido a él y me lo achacaba a mí. Decían que yo echaba mal de ojo a los que me miraban con prevención y los hacía enfermar de males diversos. Así pues, me temían y me odiaban.
No creo que yo viniera a este desgraciado mundo bajo el signo del Mal, pero sí con la estrella más adversa de las que señorean el firmamento. Mucha verdad es que de lo malo no puede salir nada bueno, y malo era todo lo que se decía de mí y peores las miradas que me lanzaban de soslayo los que me encontraban a su paso.
Huyendo de esa hoguera de calumnias, busqué refugio en el bosque. Me fui a lo más enmarañado de su entraña verde y musgosa. No tardaron en acudir a visitarme, en secreto, los que verdaderamente amaban el Mal y crédulamente habían acogido cuantas patrañas corrían de boca en boca sobre mí, aunque entonces no tenían fundamento alguno. Digo “entonces” porque luego sí tuvieron algo de verdad.
Yo me moría de hambre y de soledad y esos visitantes me traían presentes como a una sacerdotisa del Maligno, lo cual me permitía alimentarme y recibir una adhesión impensable en los tiempos en que me acercaba a la aldea a limosnear y todos me trataban a patadas como a perro sarnoso. Sin embargo, allí en mi cueva del bosque, entre los helechos gigantescos, yo era una meiga respetada, aunque al principio mi maldad fuese una impostura. Pero no me dejaba la vida otro camino y yo eche a andar por el que se abría ante mí. Afirmé saber de hechicerías y de males de ojo que dejaban a mi merced al que me desagradaba. De esta forma, mitad por voluntad, mitad por miedo a mis malas artes, mis seguidores comenzaron a rendirme tributo y luego sus hijos y los hijos de sus hijos por tradición casi, pues los iba sobreviviendo y mi longevidad los afirmaba más en su fe en mis poderes. Los años han pasado como pasa el agua por debajo de un puente y mi fama ha ido en aumento. El misterio que desprende mi figura horrible y viejísima hace aún más creíble mi filiación con el Diablo.
Tengo que reconocer que aunque no vendí el alma al Maligno, sí la vendí a la maldad de los hombres, que no tuvieron caridad para conmigo cuando fui desgraciada y llorosa a implorársela y, sin embargo, me rindieron pleitesía cuando creyeron que yo era malvada. Aman los perversos la perversidad, tuve pues que darles lo que me pedían.
Quisieron que fuese una bruja, y yo lo fui. Requirieron de mí las malas artes que yo en verdad no tenía, y las adquirí para satisfacerlos y alimentarme yo. Necesitaron una intermediaria entre su mezquina maldad y el Mal Inmenso que habita el Averno, y yo me presté a serlo.
Solamente me permití vivir otra existencia mejor en mi imaginación. Ahí, en el arcano insondable de mi corazón fui bella y buena, fui apacible y amada. Alimenté la ilusión de algo que no sucedió jamás. Pero ahora, que soy tan vieja que ya nada importa, deseo olvidar que fui una horrible bruja, que escapó de la hoguera de la Santa Inquisición escondiéndose en un bosque impenetrable. Son mis últimos días y haré balance de mi vida imaginada, en la que yo fui yo de verdad.
Tras la amargura de lo vivido, dejadme paladear el dulce recuerdo de lo imaginado. Al fin y al cabo el tiempo se acaba y muy pronto la Parca me igualará con todos los muertos. Mientras llega ese día, evocaré la vida que no tuve de veras, o quizás sí, quién se acuerda ya. El tiempo ha pasado. También mi dolor pasará.

jueves, 18 de septiembre de 2008

UNA EXPOSICIÓN DE ÁLVARO PEÑA

Hoy por fin -nunca es tarde si los días del evento aún no han acabado- he visto la exposición de Álvaro Peña "FLORA Y TRAPÍO", en la Galería CHYS de Murcia. Confieso que en estas fechas iniciales de curso he tenido que vérmelas y que deseármelas para encontrar un hueco, coger el cercanías de Orihuela a Murcia y cumplir con lo que para mí era tanto un deber de amistad y de agradecimiento, como un auténtico placer.
Me apasiona la pintura. Visitar una exposición es para mí, siempre, ocasión de disfrute, cuánto más si la exposición es de una persona a la que admiro y aprecio.
Bloc en mano, he ido tomando notas sobre lo que los cuadros expuestos me iban sugiriendo.
La serie taurina me ha demostrado el dominio del pintor en el tratamiento de la masa y el movimiento. Precisamente, esos dos factores sobresalen más y mejor al estar combinadas con un uso consciente de la monocromía. El pintor se sirve de tonos en escala de una misma paleta- cálida o fría- en degradados sabiamente dosificados a fin de no eclipsar la línea, la masa y el movimiento casi cinematográfico de las imágenes, por otra parte, de una elegancia notable.
Los tres cuadros con las cabezas de toro, de tamaño natural, dos de ellas en tonos agrisados y la otra en tonos rojos, impactan por la mirada de los animales que nos reta y nos interpela, como preguntando por la razón de su tortura en la plaza.
He pasado, no obstante, por encima de un tema -el taurino- que no se adapta a mi sensibilidad personal y me he deleitado con la serie dedicada a las flores, a las rosas en su mayoría.
Las había blancas sobre un lecho verde, un conjunto agrupado en un mismo marco de seis hermosas rosas con tonalidades lila, rosada, anaranjada, azul o asalmonadas. En formato apaisado o vertical, las rosas resultabal magníficas y técnicamente perfectas. Jugando de nuevo con la monocromía, el pintor experimenta en un conjunto de cuatro cuadros de formato cuadrado con el rojo desleído en agua, el blanco apenas agrisado, el verde- excepcionalmente alegrado con un toque dorado- y el poético lila.
El problema que presentan las rosas que pinta Álvaro Peña es que no se sabe cuál elegir, tan hermosas son todas ellas. Había una rosa blanca sobre un fondo degradado del azul y gris al verde pálido, en un magistral juego de sombras, que me cautivó. Pero lo mismo me ocurrió con otra rosa solitaria, en un tono rosado palidísimo, casi blanco, sobre un fondo verde, o la de color salmón sobre un fondo morado, en degradado magistral.
Sería interminable y repetitivo seguir comentando cada una de las pinturas que tienen a la rosa- reina de las flores- como protagonista. Álvaro Peña demuestra hasta la saciedad que la representación a pincel de sus pétalos no tiene misterio para él.
Otra cosa son las azucenas , igualmente hermosas y bien pintadas, pero sugeridoras de una belleza diferente, que el pintor capta con sabiduría y con su habitual elegancia de composición. Eso, sobre todo.
Me ha gustado mucho un cuadro con dos azucenas que entrecruzan sus tallos, verdes en contraste con su blancura, sobre un fondo rojo, lila y morado, mezclados los tonos con expertas pinceladas que producen un efecto de relieve y sombra que da mayor realce a la tersura y pureza del blanco de las flores.
Pero, sinceramente, me ha entusiamado otro cuadro, en formato vertical como el anterior, en que se repite el tema de las dos azucenas con los tallos entrecruzados. La sugerencia de la disposición de las dos flores es patente para mí. La más alta, parece inclinarse sobre la otra, tal y como si quisiera abrazarla o besarla delicadamente. Como dos amantes, castos en su deseo aún nada más que en ciernes, las azucenas se unen sobre un fondo azul, el color de la poesía.
He contado veinticuatro cuadros en la sala más el que nos recibe a la entrada, vertical, de gran formato, con tres rosas blancas y una roja, más alta, luciendo su soberanía y su belleza ardiente que se impone sobre la pálida elegancia de las otras tres, y el del escaparate, apaisado, con cuatro rosas azules como azules son , a veces, los sueños de verano, estación en que aún estamos.
He conseguido un catálogo, además. Me ha encantado la exposición. Álvaro Peña es un gran pintor.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

El HALCÓN


EL halcón peregrino las esferas domina
con los ojos agudos, las alas extendidas
como timón la cola
y las plumas altivas.
Como el halcón
mi alma
las bajezas declina
y se va alto,
muy alto,
por ver si las olvida.
¡Quién tuviese los ojos de ave de cetrería,
distinguir la ventura,
capturar la alegría
y otear desde lo alto la meta perseguida!
¡Quién con majestad de ave
distinguiera allá arriba,
como cosa lejana, la insidia de la envidia
de las pequeñas almas hacia el alma encendida!

martes, 16 de septiembre de 2008

Campo de minas. Un poema mío ilustrado con una fotografía de Gaspar Poveda


CAMPO DE MINAS
Camino en campo minado
con las minas peligrosas de la vida.
Imposible sortearlas,
a cada paso hay una, terrible y escondida.
Recorro un campo minado,
no puedo evitar las minas...
Ayer pisé la del desamor,
hoy he pisado la de la ira...,
tal vez mañana pisaré la del rencor,
o tal vez pisaré la de la envidia...
De un lado a otro ,
huiyendo el daño, la traición aleve
y la rastrera zancadilla.
Esclavo, siervo,
la gleba es el trabajo que empuja,
quiéralo o aunque no quiera
a la agobiante carrera competitiva...
Como tantos, braceando en la corriente
del río desbordado
de la vida,
en las aguas en que nadan,
como terribles peces de tragedia y sangre,
las feroces minas.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Aldonza

Nadie ha oído la voz
de esta manchega dama,
nadie sabe en quién piensa
ni adivina a quién ama.
Quizás al caballero
que con Sancho cabalga
por los llanos manchegos
y Dulcinea la llama.
Quizás la ha enamorado
el brillo de sus armas
o su porte altanero
o su cultura vasta
o, más probablemente,
su valerosa alma,
sus rendidas palabras,
su cortesía innata.
Quizás la ha conmovido
su lucha denodada
por llevar la justicia
a donde es demandada,
y el que proclame al viento
que libra sus batallas
en honor de su dama,
reina y sol de La Mancha.
Ella, Aldonza Lorenzo,
amada y adorada,
tiene por don Quijote
el alma conquistada.
Sabe que siempre lucha,
sabe que nunca gana,
mas sabe que la invoca
al entrar en batalla.
Y siente, conmovida,
que a don Quijote ama,
y en El Toboso espera,
amante, su llegada.
Y el Caballero Andante
sólo piensa en hallarla,
rendirle pleitesía
y ofrecerle su espada,
y llamarla princesa,
su señora, su dama,
la más bella entre bellas,
la Reina de La Mancha.
Por eso impone a Sancho
su marcha apresurada
camino de El Toboso,
en busca de su amada.

domingo, 31 de agosto de 2008

El chiringuito de escritora

Bueno, pues se me acabó la playa, como a casi todo el mundo. Ayer volví del Puerto de Mazarrón y tuve que desmontar el chiringuito de escritora que tenía armado con cajas de documentación y librotes de Historia, navegación, Buceo, arqueología y demás. Eché todo aquello en un maletón enorme, que pesaba lo que debe pesar un cachalote (menos mal que era maleta de las de ruedas) y no me preocupé de ordenar materiales, eso ya era demasiado.
la foto que he elegido, la hice en la lonja de pescado de La Azohía, hace un par de años. Me recuerda un poco el amontonamiento de materiales de mi chiringuito de novelista, trasladado ahora a Orihuela. Es casi imposible organizar el lío de manuscritos que tengo ¿Por qué no sabré tirar nada y cuando tiro algo es para echarlo de menos acto seguido?
¡Lo que me gusta es escribir! Si logro incarle el diente a un tema, ya no consulto ni las notas que he recopilado ni las ideas que tenía esquematizadas.
Así ha sido este último par de semanas. Madrugones y más de 400 páginas de novela, escritas a mano, que es cómo yo realmente rindo y disfruto. Pero esta será mucho más extensa. Tengo tela que cortar.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Lectura y escritura.



Muchas veces me pregunto si es posible compaginar la labor de escritora con la de profesora, ama de casa y madre de familia. Sigo preguntándomelo, a pesar de tenr ya unas cuantas novelas publicadas y otras más en espera de serlo. Es una duda que me asalta cada vez que tengo que aparcar una buena racha de inspiración y soltar el bolígrafo para agarrar la rasera y la sarten y meterme en el ajo de la cocina, bueno, en el ajo o en la cebolla o en lo que sea, ustedes ya me comprenden.

Este verano he terminado la lectura de "Las Llanuras del tránsito", última entrega de la mastodóntica serie de Jean.M Auel. Digo lo de mastodóntica por la enorme extensión de sus libros y porque efectivamente aparecen mastodontes en esta saga prehistórica.

Estoy releyendo los "Relatos de mi tierra", de Concha Sánchez Lorente y también leyendo el libro de la Real Academia Alfonso X, de Murcia, homenaje a Asensio Sáez, en el cual participo yo misma con mi relato "El fruto de oro".

He comenzado a leer también "Un mundo sin fin", del exitoso Ken Follet. En fin y sin fin, buscando la repetición del sonido, que hago como Quevedo: llevar en danza tres o cuatro lecturas a la vez y además, escribir, escribir mucho. De hecho, llevo más de 300 páginas de mi nueva novela , continuación de Buceadores, que va a constar de cuatro partes. Estas que llevo escritas pertenecen a la primera. Siendo como es novela histórica (combinada con aventuras actuales) pide investigación en serio. Bibliografía consultada, mapas, monografías...mejor ni les cuento.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Verano de escritora

Pasa el verano con su soplo de fuego y sus noches sofocantes. Las playas atestadas invitan casi a desertar de ellas y el ruido lo invade todo de día y hasta de noche. Es el moderno estío, más agobiante aún en agosto.
Madrugo todas las mañanas para disfrutar el silencioso frescor del amanecer. Es la hora en que me visita la musa de la narración y me guía por los intrincados vericuetos de la novela histórica y de aventuras en que ando inmersa este verano. Se trata de la continuación de "Buceadores", se podrá leer independientemente de la otra y viceversa, pero juntas conformatan un buen conjunto. En esta segunda, además del submarinismo, tenmdrá primorsdial importancia la navegación. Y va avanzando, casi 2oo cuartillas he garabateado ya. Lo mejor de todo es que lo estoy viviendo según lo redacto. Mientras estoy en ello, mi mundo real se esfuma y entro en otra dimensión. Ni el calor puede distraerme cuando entro en trance de escritora.
Todo en el Puerto de Mazarrón, frente a los escenarios de la acción.

domingo, 6 de julio de 2008

Una novela de Magdalena Lasala
















LA CORTESANA DE TAIFAS

Magdalena Lasala

Magdalena Lasala, novelista zaragozana, es una autora prolífica en narración histórica, muchos de cuyos títulos se refieren a la etapa de dominación árabe que tan importante es en nuestra historia; “Abderraman II, el gran califa de al-Andalus”, “Almanzor”, “Boabdil”, “Walläda la Omeya, la última princesadel esplendor andalusí”, “Tragedia del último rey de Granada”, “Zaida, la pasión del rey” son ejemplos de su producción que avalan lo antedicho.
Con “La Cortesana de Taifas” nos vuelve a cautivar y nos aprisiona en los hilos fuerte y magistralmente trenzados de la historia real y la fábula.
La novela que tratamos tiene como telón de fondo los agitados episodios de la división del territorio de al-Andalus en pequeños reinos de taifas, a partir del derrocamiento del califa de Córdoba en el año 1031.
Asistimos, pues, a las intrigas de varios reyes autoproclamados, muchas de las veces farsantes sin escrúpulos, ni nobleza alguna, pero llenos de una ambición insaciable, que se disputan la primacía en el nuevo orden surgido a raíz de la desmembración del califato y se declaran mutuamente la guerra en una alternancia enloquecida de fuerzas. Solamente los fríos del invierno decretan un espacio de tregua, un espacio de conspiraciones que se desarrollan en medio de fastuosas y decadentes fiestas en que todos los vicios y aberraciones están permitidos e incluso se consideran deseables.
El ansia de placeres de todo tipo hace caer a muchos de los personajes que pululan por estas páginas en los mayores excesos imaginables. Todos buscan experimentar nuevas formas de deleite, pero el hedonismo de los ricos se ve coartado por sus temores supersticiosos, los sueños – emanados quizás de la mala conciencia- y la traición constante que se cierne sobre ellos como una amenaza. Los pobres, a su vez, luchan por sobrevivir en una sociedad despiadada que los considera una mera posesión de sus amos y que los trata con despiadada crueldad. Y para salvarse – e incluso para medrar si pueden- tampoco ellos se comportan de forma moral, muy al contrario, tenemos ante nosotros todo un muestrario de tramposos y timadores diversos, embaucadores que emboban a los ignorantes con supuestas artes curativas, adivinos que inventan sus augurios observando qué es lo que desea oír el que los requiere, eunuco auténticos y eunucos que no lo son en verdad, varones que son mujeres en verdad y hombres que suspiran por ser mujeres, bufones que hacen de sus deformidades un espectáculo risible que propicia la cruel hilaridad de sus señores, gracias a la cual subsisten y que, no habiendo obtenido nunca la piedad ajena, no la conocen cuando topan con alguno aún más desgraciado que ellos. Y además, efebos complacientes, bailarinas dispuestas a cualquier capricho que el desenfreno sexual de los principales apetezca, y cortesanas experimentadas o nuevas.
En medio de este muestrario de seres diversos, superándolos a todos, la indómita Büstan, de misterioso pasado y enigmático e infalible poder de seducción física y moral, tanto para hombres como para mujeres. Este carisma que pone en sus manos la voluntad de quienes se cruzan con ella, está complementado con un temperamento inflexiblemente gélido a la hora de conceder afecto, ni aun siquiera a las hijas nacidas de sus entrañas. Impasible a las amenazas, desconocedora del miedo, capaz de aguantar a pie firme el envite de los más despiadados y volverlo contra ellos mismos sin perder un ápice de aplomo. Mujer calculadora y cerebral, que planifica cada uno de sus movimientos como si su vida fuera una perpetua partida de ajedrez (disciplina en que, por cierto, es una autentica maestra) no permite que nada ni nadie se interponga en sus proyectos.
Es precisamente ella, Büstan, la Cortesana, la figura central de esta historia, la que en virtud de su superioridad intelectual (es desde luego asombrosamente inteligente) y con sus dotes de mando, se constituye en el eje de la vida de bastantes de los personajes que la rodean. Es manipuladora y negocia ventajas para ella con sus oponentes masculinos, pero a la vez logra seducirlos con sus dotes amatorias hasta hacer de ellos esclavos de su voluntad.
La novela se dispone en una estructura externa de trece capítulos más un epílogo, que suman un total de 413 páginas de densa trama argumental que tienen absorto al lector en cuanto se adentra en sus entresijos. La narración gana en altura desde su principio hasta su final en una creciente tensión de acontecimientos más y más trascendentales en el devenir de los personajes principales que se nos han hecho tan próximos que nos parecen que son de carne y hueso y que están realmente ante nuestros ojos.
Respecto a este aspecto, hay que decir que la nómina de personajes que Magdalena Lasala nos presenta en esta novela suya, no es reducida, sino todo lo contrario, porque es verdaderamente extensa y muy variada, pero diríamos sin temor a equivocarnos que esta es historia de mujeres que se defienden del mundo que les ha tocado vivir, un mundo de hombres que quieren dominarlas la mayoría de las veces, para usarlas a su capricho. Sin embargo, estas mujeres no siempre tienen como antagonistas a varones, sino que han de librarse de las asechanzas de otras mujeres que las perciben como rivales.
Büstan habla siempre de “hembras” para referirse a las mujeres. Ejerce una especie de feminismo que preconiza la unión de las hembras para lograr, mediante su unión, la fuerza que precisan para defenderse de los hombres y de la vida en sí. No quiere padre, hermano ni mucho menos marido cerca, ningún varón parece ser digno de su confianza, si exceptuamos a su eunuco Malik y su porteador Elmanco. Sólo acepta de buen grado la compañía de otras mujeres, llegando en este extremo a admitir junto a ella a toda hembra herida, apaleada y fugada de la esclavitud que demande su protección.
Pero lo más doloroso –por cierto, muy acertadamente estudiado por la autora- es que la mayoría de las veces el peor enemigo para las aspiraciones de libertad de una mujer que desea sacudirse el yugo de la esclavitud, física o moral, es otra mujer que lo padece y no tiene el valor de rebelarse contra él. Esta característica psicológica es, desgraciadamente, del todo cierta, no se trata de ninguna invención. Mucho habría que decir de este tema, que tiene dramáticos ejemplos incluso en nuestros días, pero no son pertinentes ahora y tan sólo diremos que la novela de Magdalena Lasala puede sugerirlos al lector avisado, capaz de establecer relaciones entre las épocas y los tipos humanos de todos los tiempos.
En “La Cortesana de Taifas” hallamos temas intemporales y una abundante filosofía feminista representada por las enseñanzas de Büstán que tiene muy claras las cosas y sabe muy bien cuál es el papel de la mujer si se deja dominar por el hombre. Por tanto, ella prefiere ser independiente, legal y afectivamente. En ambos planos se desenvuelve buscando su provecho, la consecución de sus fines y la supervivencia. Para ello, no desprecia táctica de la negociación, en la que se muestra hábil en extremo. En cuanto a los hombres, tampoco los rechaza, simplemente, los utiliza, los goza, si le apetece a ella. Sin embargo, se guarda mucho de mostrarse cariñosa, porque demostrar afecto para ella es una debilidad que el hombre sabrá aprovechar. Su máxima es que el varón crea que siempre está imponiendo su voluntad, arrebatando el placer a la mujer, que lo da contra su voluntad. Jamás dejar ver complacencia en la dádiva amorosa.
La voz narradora es la de Marjân, su hija natural, a quien también Bústan guarda de los hombres desde que es niña disfrazando su identidad femenina bajo vestiduras masculinas, de forma que Marjân, que no es especialmente bella (al revés que su progenitora) llega a la pubertad y después a la juventud sin hallarse ya cómoda en ropas de mujer y sin saber realmente muy bien cuál es su naturaleza. Lo que si sabe es que admira y quiere profundamente a su madre, la cual muy raramente le habla con cierta cordialidad. Marjân es como el perrillo que se conforma con una caricia de vez en cuando y que no piensa desertar jamás de la lealtad devota hacia su dueño.
La historia es la de un grupo de mujeres, encabezado por la valerosa y astuta Büstan, seguida de la adivinadora Zumurrud, descendiente de visigodos cordobeses, inseparable de la primera, cuyo extraño nombre significa Esmeralda, la niña Marjân, salvada del abandono de su propia madre por Zumurrud, el eunuco Malik, de piel lechosa y enorme corpachón, inversamente proporcional a su inteligencia, ya que encierra un alma de niño desvalido a pesar de su fuerza física. A estos personajes iniciales se irán sumando muchos más y al inicial escenario, que es Madinat al-Zahrâ, le irán sucediendo otras etapas y otros decorados, como Toledo, Badajoz y Sevilla, mientras la ciudad de Zaragoza aparece mencionada como el destino apetecido como meta.
La protagonista es una mujer con muchas facetas, herbolaria, sanadora, sangradora, partera y cortesana, entre otras. Tiene siempre presente que la condición de “hembra” exige grandes recursos en un mundo dominado por los hombres. Ella se valdrá de su inteligencia, su valor, que roza la temeridad, y su pasión por el juego arriesgado. Zumurrud dice a menudo que le gusta caminar por el filo de un cuchillo. Y así es. Desprecia la tranquilidad, el carácter acomodaticio de las mujeres, desea cambiar constantemente de residencia, de ambiente, y además ha de hacerlo muchas veces huyendo de aquellos a los que ha engañado.
Las guerras de Córdoba, que obligan a este pequeño grupo a abandonar la ciudad califal, son las que empujan la acción de la novela, en la que esta Cortesana del siglo XI despliega todo un amplio muestrario de tretas y argucias de cara al robo, el engaño, la seducción, la prostitución y se llega incluso al asesinato, pasando por alguna castración en venganza por afrentas sufridas, inflingidas por algún varón, que haya en Büstan una temible adversaria que sabe esperar con calma la ocasión propicia para la revancha.
El tipo de vida que el grupo ha escogido determina la dinámica que deben seguir, de cambios constantes de identidad y huidas apresuradas, dejando atrás, muchas veces todas las posesiones que, naturalmente, no pueden trasportar por los caminos.
Büstan, ya lo hemos dicho antes, ama el riesgo, como jugadora compulsiva, que no impulsiva, pues nunca realiza un solo movimiento sin haberlo calculado y planificado cuidadosamente. Le encanta desafiar la inteligencia de sus oponentes, desafío del que sale siempre victoriosa en virtud de una superioridad apabullante.
Además, pase lo que pase, no se deja abatir. Es como si los reveses de la vida no tuvieran poder sobre ella. Los que la rodean parecen percibir esta fortaleza que la caracteriza y se someten a su criterio, reconociendo su dependencia, tarde o temprano, incluso los varones más endurecidos aparentemente. Uno de sus secretos para lograr este dominio sobre todos es la impavidez. Nada parece alterarla. Es como si ella estuviese más allá de todo. Las miserias humanas no la contaminan, antes bien, sabe aprovechar las debilidades de los otros para someterlos sibilinamente.
Hermosa sobre toda ponderación, une a su facilidad para manipular las mentes ajenas, su capacidad para interesar y seducir a cualquier varón. Amante experta, buena paridora, si hace falta, conocedora de medios poco habituales de dar placer, maestra de ceremonias (hoy diríamos regente de un burdel) sabe cómo hay que tratar a cada hombre.
Es -también lo hemos apuntado ya- poco o nada afectiva con las otras hembras, sin embargo, es extraordinariamente solidaria con ellas. Quizás por cierta conmiseración hacia su desvalimiento, ya que carecen del valor y los recursos necesarios para rebelarse antes sus dominadores los hombres, o precisamente por una necesidad interior de ajustar cuentas con ellos, se muestra justiciera, cuando no realmente despiadada. Ella socorre a las mujeres indefensas en múltiples ocasiones, las cobija, las esconde, las cura de sus heridas, causadas por el maltrato, las ayuda a abortar los hijos no queridos y les permite seguir a su lado, uniéndose a su destino, con lo cual logra fidelidades inquebrantables, producto del más sincero agradecimiento y del miedo a verse otra vez sin su protección decidida.
Así pues, la pequeña comparsa va engrosando sus filas, y no únicamente con “hembras” sino con desgraciados “machos” como el ambiguo Wafhir y el esclavo llamado Elmanco.
El desprecio que Büstan siente hacia todo varón no le impide utilizar a algunos de ellos para su deleite carnal, no obstante jamás se dará a ninguno y ni siquiera le interesa saber cuál de ellos ha engendrado en su vientre a cada una de las dos hijas que tendrá.
Büstán es una especie de amazona que usa al hombre pero no cuenta con él en su vida. Eso la convierte en un personaje de cautivadora originalidad para el lector, puesto que la autora acierta a trazar sus rasgos con una verdad que nos subyuga.
La bailarina Hassaná, la mulata Sumbula, las jóvenes amantes lesbianas Saqiqa y Mahâ y un grupo de pobres putas apaleadas serán las inquilinas que la acompañen en la Casa de las Hijas de Badr, y ella será la nueva Paloma del Guadalquivir. Esa casa de placer se convertirá en la más solicitada de Sevilla.
Toda la novela es apasionante, en especial para los que gusten del estudio de la psicología femenina, magníficamente planteado por Magdalena Lasala. El tiempo, muy bien medido, nos va llevando año tras año en pos del ascenso social de estas mujeres. Mil veces llegan a encrucijadas que auguran el peor final y mil veces salen de ellas, gracias a los recursos imaginativos de esta mujer, fría como el hielo, indiferente al riesgo, casi suicida en sus determinaciones, inmune a cualquier temor.
En cuanto a los hombres, muchos son los que transitan por las páginas de esta novela, pero todos carecen del relieve que ostentan los caracteres femeninos con los que no tienen parangón posible. El príncipe Amîr, Muhammad, el califa falso Hixan, vicioso y despreciable, el grosero Jalaf, el peluquero Tumart, el mercader Yahyá son algunos de ellos.
Especialmente conmovedor es el pobre eunuco Malik, quizás precisamente porque ya no es un auténtico hombre.
Muchas más cosas podrían decirse de esta novela, pero me limitaré a decir una sola: merece la pena leerla.


Rosa Cáceres Hidalgo de Cisneros