martes, 25 de noviembre de 2008

Un microrrelato sobre el placer de viajar


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POSOS DE TÉ
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Introdujo las hojas de té en la pequeña redecilla para infusiones.
Al beber los últimos sorbos de la taza que se preparó, observó que en el fondo habían quedado posos.
Sabía que algunos augures leían el futuro en los posos del café y se preguntó si los del té contendrían alguna respuesta al interrogante que llenaba sus pensamientos desde hacía ya varios días.
Miró atentamente el fondo de la taza, una vez colocada en su platillo, en perfecto reposo. Las últimas gotas de té arrastraron los finísimos fragmentos de hojas molidas, formando una especie de mapa de Grecia.
Sí, debía emprender ese viaje.

3 comentarios:

Lugareño dijo...

Pues sí, viajar es un placer... Y veo que tú lo haces con bastante frecuencia. ¡Qué envidia! (sana, o al menos es lo que se dice).

Para mí, de las ciudades que hasta ahora he visitado, me quedo con Florencia y Roma (y la magia y la historia que se respira en ellas).

Pero sobre todo me gustan esos parques enormes en las grandes ciudades, que sirven de atractivo, de relax y de "pulmón" para la contaminación ciudadana. Me encantan. Creo que hay pocos placeres como dar un paseo por Hyde Park (de Londres), Campos Eliseos (de París)...

Un saludo.

Antonio Verdú Asís dijo...

Precioso relato Rosa, viajar es uno de las más ricas especias que tiene la vida, a mí me encanta. España es bellísima; he viajado a Francia, Suiza, Austria e Italia, el mundo es una maravilla ¿sabremos conservarlo?

La foto es mágica ¿es tu hija? muy guapa.

Rosa Cáceres dijo...

Hola, Lugareño, me parece que tú conoces más mundo que yo jajaja, así es que no me tengas envidia, ni siquiera sana envidia, que no he viajado casi nada. Ahora bien, cuando lo he hecho he disfrutado cada detalle.
Gracias, Antonio. Sí, es mi hija. Ella sí ha navegado por varios mares y ha buceado en ellos. Ya sabes, ella es la inspiración de mis novelas de ambiente marino.