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miércoles, 11 de abril de 2007

El libro, alfombra mágica de la imaginación

Seguro que todos recuerdan su infancia y el poder maravillosos que tenían los cuentos para hacerles vivir aventuras extraordinarias. Más de uno de aquellos relatos mostraba al protagonista (quién no sabe el de Aladino) viajando por los aires a bordo de una alfombra mágica que lo trasportaba a regiones desconocidas en las que ocurrían cosas interesantísimas. Ahora digan si no sentían deseos de gozar de una experiencia tal. Seguro que sí.
Bien, pues tengo una buena noticia para todos: las alfombras mágica existen, pero no estan hechas de lana, seda o algodón y rituales de magia, sino de papel escrito y encuadernado, porque las alfombras mágicas que tiene el taumatúrgico poder de hacer volar la imaginación son ni más ni menos que los libros.
¿No es una gran ventaja que el lugar dónde se adquieren estas alfombras mágicas no sea otro que cualquier librería?
En Orihuela hay un buen vendedor de "alfombras mágicas para volar con la imaginación". Y no es el Genio de la Lámpara, aunque casi, porque en su librería tiene de esas alfombras de sueños para todos los gustos y bolsillos.
Pues, sí. Lo han adivinado ustedes: es Vicente Pina, ese, ese mismo, el de la Librería Codex.
Viajar no sólo en el espacio sino también en el tiempo es posible. Si desean comprobarlo a bordo de una alfombra que no tengan en casa, ya saben.

lunes, 19 de marzo de 2007

La curación por los libros

Una de las libreras que se está instalando en Urueña sostiene que los libros curan. Debo decir que eso es exactamente lo mismo que yo he mantenido siempre y que oírlo en otra persona me ha supuesto una gran satisfacción y una reafirmación en mi teoría.
Yo no sé, naturalmente, si un libro tiene tanto poder como para liberarnos de ciertas afecciones del cuerpo, pero sí aseguro que lo tiene para aliviar y morigerar las del espíritu. No olvidemos que las modernas teorías holísticas llegan a una conclusión tan sensata - y antigua si se quiere, aunque olvidada en los tiempos ultramodernos- como es reconocer que el ser humano está compuesto de cuerpo y espíritu y que ambos componentes se amalgaman de forma que cada uno puede influir notablemente en el otro.
Así las cosas, si gracias a un libro el espíritu logra serenarse, descubrir una verdad, e incluso descubrir su propia verda, enderezar su rumbo, distraerse de un a preocupación aliviando así su tensión nerviosa, hallar un parangón en quien reflejar su caso, consolar su insoportable soledad, leer una frase que, de repente, le dé la clave buscada...si alguno de estas posibles efectos se derivan de la lectura de un libro, debremos admitir, es más, deberemos proclamar a boca llena, que el libro es un objeto que contiene en sus páginas una medicina para el espíritu de la cual, antes o después, terminará beneficiándose también la salud del cuerpo.
Es cierto: el libro posee un poder curativo. Permítanme, pues, que remedando los anuncios de medicamentos, les diga UN LIBRO SIRVE PARA SANAR: CONSULTE CON SU LIBRERO.