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jueves, 19 de febrero de 2009

Mis cuadernos, mis dibujos, mi poesía



Esta es una página de uno de mis cuadernos, de los tantos que tengo, en los que me entretengo en dibujar cosas como esta.
Me he vuelto bastante perezosa para coger los pinceles, pero con un bolígrafo o un lápiz, estoy en la gloria. Ante mí se abre el mundo de lo imaginario, y yo poseo la potestad de pintarlo a mi antojo.
Un castillo de cuento de hadas, me sirve como pretexto para inventar un relato infantil.
Ahora pregunto ¿qué surge en mí antes, el dibujo o el relato? Misterio. Tal vez ambos nacen simultáneamente.


Fantasía en esta ornamentación de mi nombre, de mayor a menor tamaño, las letras me definen como Rosa, con una O y una a llenas de sonrisas, María y Eugenia. Ese es mi nombre completo. Todo a bolígrafo negro aquí, bajo toda clase de seres imaginados en una improvisación evidente.



Los tonos azules de los dos bolígrafos utilizados, se emplean en crear un diseño improvisado sobre un cuaderno de rayas. Una pequeña hada, casi una libélula, es la protagonista de este cuento.
Reconozco que he escrito poco para niños, pero algo quisiera dedicarles, ya que transitan por la etapa más cautivadora de la vida, la que es- aunque tardemos mucho mucho en darnos cuenta- nuestra verdadera patria: la infancia. tnto más añorada cuanto más lejana. Lo digo en este poema:
Añoro aquel tiempo
pasado,
tan lejano,
en que éramos
niños.
Cuando bastaba
el beso de la
madre
para curar la herida,
y la firme mano del
padre
para instaurar la
calma
en la estrenada
vida.




A distintos colores de tinta. Cuaderno para escribir en él cuando la magia acude a solicitarme, atrayente como un benéfico conjuro, para que la halague con palabras que hablen de ella, que cautiven al ser cautivadas por el trazo de las letras formando vocablos, por la unión de los vocablos formando frases, completando letra a letra, palabra a palabra, frase a frase, párrafo a párrafo el fascinante plano de un laberinto en el que reside, no el temible Minotauro, sino una pléyade de seres inventados, plenos de belleza y bondad.








miércoles, 11 de abril de 2007

El libro, alfombra mágica de la imaginación

Seguro que todos recuerdan su infancia y el poder maravillosos que tenían los cuentos para hacerles vivir aventuras extraordinarias. Más de uno de aquellos relatos mostraba al protagonista (quién no sabe el de Aladino) viajando por los aires a bordo de una alfombra mágica que lo trasportaba a regiones desconocidas en las que ocurrían cosas interesantísimas. Ahora digan si no sentían deseos de gozar de una experiencia tal. Seguro que sí.
Bien, pues tengo una buena noticia para todos: las alfombras mágica existen, pero no estan hechas de lana, seda o algodón y rituales de magia, sino de papel escrito y encuadernado, porque las alfombras mágicas que tiene el taumatúrgico poder de hacer volar la imaginación son ni más ni menos que los libros.
¿No es una gran ventaja que el lugar dónde se adquieren estas alfombras mágicas no sea otro que cualquier librería?
En Orihuela hay un buen vendedor de "alfombras mágicas para volar con la imaginación". Y no es el Genio de la Lámpara, aunque casi, porque en su librería tiene de esas alfombras de sueños para todos los gustos y bolsillos.
Pues, sí. Lo han adivinado ustedes: es Vicente Pina, ese, ese mismo, el de la Librería Codex.
Viajar no sólo en el espacio sino también en el tiempo es posible. Si desean comprobarlo a bordo de una alfombra que no tengan en casa, ya saben.