Una mínima parte de mi colección de piedras. Ya veis que algunas están al natural y otras están pintadas por mí.
Las naturales las tengo en el patio trasero de la casa de playa. Las pintadas, no, porque perderían el color con el sol inmisericorde, claro. Pero las he fotografiado ahí para que las imágenes sean más luminosas.


Ya veis lo redondas que son las piedras negras, son de la Playa del Gachero, pesan muchísimo. La que hay detras, y es plana, es de las montañas gallegas de O Cebreiro. La decorada es mazarronera, amarilla natural, con motivos en esmaltes.


Uno de mis pisapapeles de escritora...Tengo muchísimos, porque los papeles vuelan con las corrientes de aire que se estableven en verano. Si no, no hay quien viva en este infierno mediterráneo jajaja....


Llevo toda la tarde dale que te pego con "El Emboscado" y ya no carburo, os lo aseguro.
( ¿A que riman?jajaja)
Por eso, termino esta entrada con una piedra pulida, que para mí es muy querida,
( ¿a que riman?jajaja)
porque es piedra de bordes suaves, sin aristas, pulida por el mar, de agradable tacto, en la que he pintado un cielo nocturno de luna llena rielante sobre las aguas.
Desearía gozar de esa calma maravillosa que se alza en mi corazón cada vez que la luna se alza desde las montañas de Cartagena y asciende al encuentro de su lucero, enamorado fiel que la ronda.
Pero mañana empiezo otra ronda ( valga la redundancia) de exámenes.
Y ya se sabe que los profesores llevamos la penitencia en el pecado: corregir a punta de pala.
Así es que, entre corregir las pruebas de la novela y corregir exámenes ¿cuándo voy a dormir yo?
¡Café, bien cargado, por favor! ¿Quién me sirve un café?