domingo, 23 de mayo de 2010

Un cuadro de Concha Sánchez Lorente

Concha Sánchez Lorente es una pintora y escritora del Puerto de Mazarrón, que vive allí que es donde nació. Es amiga mía reciente. Quiero decir que hace unos tres años que la conocí. Fue en la presentación de mi novela BUCEADORES, en Mazarrón pueblo. Ella se dirigió a mí, en aquel momento había mucha gente y casi no hablamos, claro. Pero luego ella me vio en la playa, y desde entonces si nos encontramos allí, paseamos por la orilla hablando de temas profundos como el mar (ella me ha calado bien, y dice que soy tétrica. Y tiene razón) , otras veces vamos por la pintura, o las letras escritas. En fin, que es de esas amigas nuevas que, sin embargo, parece que conoces de toda la vida.
He estado en su casa un par de veces. Es como una galería de arte, tantos cuadros tiene. Ella ha estado en mi casa, pero sin estar yo en el pueblo. Le gusta andar mucho, y a veces pasa por la puerta de mi casa. La verja está abierta, pasa y se sienta en un banco del porche. Luego me cuenta sus impresiones.

Traigo a colación toda esta semblanza al hilo de uno de sus cuadros. El que os he puesto hoy. A Concha le encantan las figuras orondas, como a Botero. Y el mar, sobre todo el mar y el paisaje de su querido pueblo. Yo tengo un cuadro suyo en una de las estantería de mi dormitorio, aquí, en Oleza. Está a la vista, me saluda el mar mazarronero en cuanto abro los ojos, un mar pintado por ella y con una frase suya escrita al pie: ¡Qué bonita es nuestra tierra!

Bien, pues os voy a revelar una vivencia mía, que experimento por estas fechas todos los años. Se trata del "estreno" de la playa. Siempre me fijo en las caras de las personas que están estrenando en un día de primavera esa sensación incomparable de descalzarse y ponerse en contacto con la Naturaleza. Es algo así como estrenar la vida...y puedo ver el espectáculo de la felicidad en los rostros. Y me siento feliz por ello.
No hay cosa que más me guste que ver disfrutar del primer paseo por la orilla a personas de toda edad y condición, delgados o gordos, con o sin cicatrices, jacarandosos o desgarbados...¡Es igual! ¡Todos son bellos en su alegría! Porque en esos momentos están en paz con la vida y con ellos mismos. Y es que es mucho el poder de la Naturaleza.

22 comentarios:

cabopá dijo...

Eso de ir con el corazón en la mano por la orilla de la playa y sus rumorosas olas, es lo que hace que encuentres corazones no sólo de piedra...
Felicita a tu amiga Concha que tiene nombre de mar y pinta muy bien...
Besicos amiga.

Rosario dijo...

Me encantan las piedras corazón, me sorprenden cuando paseo por la orilla del mar y tambien los guardo, son lindas y parece mentira que tengan esa forma.
Pero más bonita es la persona que se pasea por la vida Con el corazón el la mano... y pasea con los pies descalzos disfrutando de ese contacto con la arena y el agua.

Veo que tú eres una de ellas y te gusta muchísimo todo lo que se relaciona con el mar y lo sabes describir de todas formas.
La pintura es otra de tus aficiones, a mí tambien me gustaría saber pintar pero...
Solo pinto con tiza y colores.

Un abrazo amiga escritora, desde mi librillo.

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

Hola Rosa:
Que bueno pasear por la orilla del mar conversando con tu amiga de diversos temas.

Me gusta el cuadro, de esta negrita rellenita, hecho por tu amiga Concha.

Un abrazo, Montserrat

María Bote dijo...

Maravilloso pasear por la orilla del mar. Yo lo tengo lejos, pero voy a su busca muy a menudo, sobre todo en el buen tiempo.
Me gusta ir temprano, descalzo, respiro hondo, contemplo su inmensidad y belleza, le doy gracias a Dios y mi mente comienza a fabricar poesía. El mar, la mar, es una de mis más leales musas...
Besos. María.

Rosa dijo...

Mi querida amiga Rosa, me encanto el paseo por la orilla de la playa, y el trabajo de tu amiga, me parece maravilloso
Felicita a tu amiga de mi parte y a ti tambien por la nobleza de tu corazón
Un besito Rosa

Cayetano dijo...

A tu amiga pintora veo que le gustan las figuras orondas, con esa rotundidad que las curvas niegan a las dietas. Y al final de tu entrada nos describes la felicidad de la gente que estrena la playa, gente de todo tipo y aspecto, incluyendo gordos y desgarbados.
Yo tengo un conocido que pesaba 120 kilos y le pudieron a dieta y le cambiaron el carácter, lograron los médicos rebajarle 20 kilos y le quitaron también 20 kilos de buen humor.
¡Viva Botero!

Gala dijo...

La Naturaleza nos regala tanta belleza que es imposible no sentirse feliz disfrutándola.
Me encantan esos paseos por la orilla del mar.

Un besito Rosa.

Rosa Cáceres dijo...

Cabopá, tú sabes que nuestro mar invita a la alegría de vivir cerca de él. Concha es el ejemplo de mujer que no se ha movido apenas de su pueblo y, sin embargo, no sueña con otros horizontes. Le basta su paisaje, lo contempla y exclama : ¡Qué grandeza!
Es la expresión que más frecuentemente le he pído.
Y si la oyeras recitar sus poemas...
Si se enterara de que la he puesto en esta ventana, asomada al blog, se reiría avergonzada, porque es toda humildad. Sin embargo, de casta le viene al galgo, su madre era poetisa y tiene calle dedicada en el pueblo "Poetisa Josefa Lorente". Y pintores en su familia, ni te cuento.

Rosa Cáceres dijo...

Rosario, el mar es el latido de la Naturaleza, tranquilo o turbulento, siempre contacta con el latido de cada corazón.
Yo creo que ese horizonte azul, esa bandeja de plata en que se convierte la superficie del agua a algunas horas de la mañana, no pueden dejar indiferente a nadie.

Rosa Cáceres dijo...

Montserrat, mi amiga me cuenta secretoas historias de familiares o de gente del pueblo (sin dar nombres nunca) y yo hasta escribí una novela inspirándome una de sus historias. No está aún publicada.
Su propia historia personal es tan dolorosa y tan poética que si no fuera por no causarle el dolor de que la vea escrita...
La admiro profundamente. No como artista, sino como ser humano. No hay quien no la quiera. Pasear con ella es un poco incómodo, porque a cada paso, un saludo, un abrazo...jejeje. Y yo, que soy como una extranjera en todos lados...con los dedos de la mano (y sobran dedos) puedo contar la gente que me conoce o, más exactamente, que yo conozco. Porque vivo en mis adentros y soy la persona más insociable de este mundo.

Rosa Cáceres dijo...

María, ir temprano, tener playa para una sola,y para sus pensamientos...pisar la arena, aún fresca, dejando en ella las primeras huellas...¡Ah! Te comprendo muy bien.

Rosa Cáceres dijo...

Rosa, no te imaginas lo que vale esta amiga, que nada tiene en común conmigo(en apariencia) salvo lo que somos realmente por dentro, como yo le digo: el metal de las almas, que es el mismo. Y nada más.
Perdón si este comentario resulta presuntuoso, me he dado cuenta de que si digo que ella es extraordinaria y luego afirmo que nos parecemos en la forma de ser...jajaja. Bueno, ella en buana y yo en mala. Ya está.

Rosa Cáceres dijo...

Cayetano, qué bien me has comprendido. Rodeados de anuncios para adelgazar, para ser joven eternamente, para no tener celulitis, ni tripita, ni alopecia, ni ná de ná, ver a lo mejor a una señora con sus michelines y su piel de naranja con su marido, que en nada se parecen a Tarzán, pero felices, con una sonrisa, respirando hondamente...Esos ancianos extranjeros, tomando el sol que en su vida han disfrutado, más contentos que nada, a esos críos bañándose sin pereza, jugando libres y sin consola ni nada de eso...
El comer bien, si se tiene apetito, alegra mucho el corazón. Así que en esta época de dietas constantes, hay tanta cara de vinagre.
Carpe diem, y sin excesos...un heladico de postre...

Rosa Cáceres dijo...

Gala, en Alicante eso del mar o tienes a domicilio, como aquel que dice...Es una suerte.
Una de mis hermanas vive allí, y otra tiene un ático en el Postiguet ¡Qué maravilla de paisaje, de luz!

verdial dijo...

También a mí, como a Concha, me gustan las figuras orondas, claro que yo carezco del arte de ella para plasmarlas en el lienzo.
Y tabién, como a ti, disfruto esos dias soleasdos de primaver viendo como la gente pasea por la playa, incluída yo.

Un abrazo

Higorca Gomez Carrasco dijo...

Que envidia, pasear, disfrutar de esa orilla donde rompen las olas con ese dulce vaivén, acompañada de una espuma que acaricia con suavidad los pies que agradecen la fría caricia.
Bonita entrada en un pueblo maravilloso y pescador, Mazarrón.
Abrazos

Rosa Cáceres dijo...

Verdial, orondas y satisfechs, añado yo.
Y lo otro, de ver a la gente contenta...es que ¿te has fijado que no hay nadie sonriendo que parezca feo? Yo en cuanto veo a alguien con una sonrisa sincera en los labios...ya veo belleza, y es porque la hay en ese gesto de cordialidad consigo, con la vida, con todo lo que hay alrededor.

Rosa Cáceres dijo...

Higorca, es verdad que es un goce gratuito y que deberíamos apreciar más.
Mazarrón es un antiguo pueblo pesquero modernizado y urbanizado como todos los del Mediterráneo. Pero lo salva el hecho de que está lejos de todos los caminos, entre montañas. Hay que ir ahí, no pilla de paso. Como tiene más de 35 kilómetros de playas, sin contar con las que ya pertenecen a Cartagena pero están complatamente unidas a las mazarroneras, aún es posible estar completamente solo en una cala o en una playa.

MAYTE dijo...

Me encanta pasear por la orilla del mar, el primer paseo que dí sentí lo que tu relatas.
Me gusta la pintura de tu amiga.

Besos.

AROBOS dijo...

La playa es hermosa por las mañanas cuando la gente pasea, respira mar y ese sol suave que asoma apenas. Y en estos primeros días se renueva la experiencia de ese contacto con la inmensidad del océano.

El cuadro de tu amiga que nos has puesto es magnífico.

Rosa Cáceres dijo...

Mayte, creo que todos los que somos un poco sensibles experimentamos parecidas sensaciones, veo que tú me comprendes muy bien.

Rosa Cáceres dijo...

Arobos, cuando estuve en Cádiz, hace un par de años, era primavera esplendorosa. Los chavales de un instituto pasaban el recreo en la playa...era precioso. Cádiz me conquistó con su belleza marina.
La gente de allí con su amabilidad sin igual. Me encantó ver con qué llaneza se relacionaban los más ricos con los más pobres, de igual a igual (como en efecto lo es, aunque no siempre se reconozca así), me sentí allí absolutamente feliz.