domingo, 18 de julio de 2010

Nuestra playa


Tengo fobia a las multitudes, lo confieso. La verdad es que padezco fobia social. Cuando veo las celebraciones multitudinarias (el Mundial de Fútbol, por ejemplo, los sanfermines, los conciertos de grupos famosos) me espeluzno, es que me pongo enferma de pensar en la posibilidad de encontrarme envuelta en la masa vociferante, o silenciosa, no es la cuestión, porque lo que me llena de terror es la multitud.
Por ende, prefiero mil veces quedarme en mi patio con mi buena ducha y mis macetas a acudir a una de las playas de más aceptación, sombrilla con sombrilla, hombro con hombro.
Aquí os muestro una foto de Javier bañándose a la hora de máxima afluencia a esta playa (máxima afluencia= Javier y Rosa) la una, hora en que una tiene la playa para una jejeje(redundancia= rebuznancia).
Lo más chusco es que es una playa cómoda y cercana a nuestro duplex, digamos que está en plena Gran Vía, pero cubre bastante y no es adeciada para niños, ni para personas que no sepan nadar. Debe de ser por eso que no se llena. A mí me relaja, me da ganas de vivir esta tranquila libertad. Considero un lujo tener una playa prácticamente para nosotros solos. Acuden algunas personas, pero la playa sigue y sigue y hay tramos en que estás completamente solo, ahora bien, con tu ducha y tu lavapiés, tu paseo con bancos y, más adelante, tu humedal con patos y garcillas.
Hoy es domingo, día de fobia para mí, porque hay mercado y está muy cerca de casa. Iremos a por fruta buena, pero algunas veces no me siento con fuerzas de acompañar a Javier, Odio los mercados, sinceramente.
Soy un hurón, jajaja, no me relaciono coin facilidad, aunque la gente da en creer lo contrario, por mi costumbre de sonreir, cosa que sí hago constantemente sin darme cuenta, hasta el extremo que muchas personas me saludad pensando que les sonrío a ellas, y es que sonrío a mis pensamientos. Un poeta de aquí me llamaba la mujer de la eterna sonrisa, pues decía que me conocía desde que nací y no recordaba haberme visto jamás sin mi sonrisa.
Para mi suerte es así, pero también para mi desgracia; aún recuerdo a mi profesor de Química en el Instituto, era el Director, y me reñía constantemente con esta frase: "¡Hidalgo de Cisneros, ya está usted con su sonrisita!" jajaja. Yo lo respetabe muchísimo, iba con sobresaliente...pero sonreía...como siempre. No lo puedo evitar.
¡deseadme suerte, que voy al mercado, a por una colchoneta que le he encargado a un tapicero que pone puesto!

27 comentarios:

Cayetano dijo...

Yo también odio las multitudes, las aglomeraciones...necesito mi espacio, mi rincón, mi lugar donde sentirme soberano. Odio el ruido. Los españoles somos un pueblo ruidoso, molesto, que habla alto, que no respeta el derecho de los demás a descansar... Comprendo pues perfectamente tu punto de vista sobre el tema.
Un saludo.

Montserrat Llagostera Vilaró dijo...

HOLA ROSA.

PUES A MI ME GUSTA TU SONRISA, DICEN QUE ES EL YOGA DE BOCA Y ADEMÁS ES GRATIS

SABES ROSA, CUANDO VOY A LA PISCINA DE DELANTE DE CASA.
SEGÚN LA HORA QUE VAYA ESTA MUY LLENA, PERO YO ASI Y TODO NO SALGO DEL AGUA.

Y ALA CALDITO, DENTRO NOS MEZCLAMOS RAZAS, RELIGIONES, CULTURAS. YO LA LLAMO LA PISCINA MULTICULTURAL.

BESICOS, Montserrat

Nando Bonatto dijo...

http://blog.salinas.com.ar/wp-content/mogotes_grande.jpg

Tampoco me gustan las multitudes
he aqui la mía ,que está esperando el verano,ahora estuvo cubierta de nevisca

cabopá dijo...

Las multitudes no me gustan,pero me gustan a rabiar los mercados,siempre que puedo voy,aquí tambien...
Ese profesor y director del que hablas se llamaba D.Juan Belda, y su señora profesora de Latín Doña Encarnación, me dio clases a mi...
Anda de vacaciones y recordando aquellos días cuando la juventud era nuestro valor más preciado...Pero que tonticas erámos...Yo, al menos si fuera ahora ¡¡mamma mía!!
Besicos desde mi playa..

Cathy Brown dijo...

Que te vaya bien Hada!!!!Yo tambien odio los mercados y lugares donde hay mucha gente,me marea la multitud.Que hermosa playa...que placer tenerla para ustedes solitos...espero algun dia conocer una...besotes amiga,pasalo lindo!!!!.

Antonio Verdú Asís dijo...

Creo que es Javier saliendo del inmenso mar en busca de una rosa, de R0SA con mayúsculas. Qué quieres que te diga yo también me siento agobiado por la multitud, por eso no voy ni a los toros, ni al futbol, a parte por otros motivos. No obstante, a veces hay que estar entre nuestros congéneres, para sentirnos parte de la humanidad. Mi profesor de física y química también era el Director del Instituto D. José Alemán.
Voy a meterme este verano todas las veces que pueda en el H2O.
Un abrazo amigos.

Rosa Cáceres dijo...

Cayetano, el silencio es una hermosura. Mi padre siempre lo elogiaba y a mí me gusta tanto que parezco un gato, no hago ruido al pisar. Me levanto al amanecer, silenciosa, con sigilo, para no despertar a nadie. Encerrada en la cocina (que no se oiga el chocar de cacharros) preparo mi cafetera y desayuno inmersa en mis pensamientos. Luego salgo al jardín y me doy a la embiaguez del olor de los jazmines y de la lectura reposada...debería agarrar de una vez el toro por los cuernos (mi novela) pero se está tan bien en el dolce far niente...

Rosa Cáceres dijo...

Montserrat, bonica, tú eres un encanto con todo el mundo, quieres a propios y extraños...yo soy más bicho raro. Un hurón que no hablaría con nadie en todo el día...jajaja, lo que pasa es que no logro que nadie se lo crea jajaja
Cuando me casé, nos fuimos a vivir a Barcelona (Avenida Meridiana, y luego a pa Plaza Mossen Clapés). Mis hermanas dijeron:
-¡Cataluña, que bien! ¡Rosi, tu carácter!
Porque ellas sí me conocen bien y saben que soy muy independiente y poco comunicativa jajaja aunque no por escrito, como puedes ver.

Rosa Cáceres dijo...

Nando, veo que hay muchos que odiamos la multitud, si nos juntáramos, fíjate qué paradoja: seríamos multitud nosotros mismos.
Ironías de la vida.

Rosa Cáceres dijo...

Cabopá, en Efaistos, quiero decir en efecto. Era don Juan Belda. Yo era muy sensata,muy seria, demasiado. Pero siempre he sonreído con mucha facilidad. Él me convocó para matrícula de honor. No la saqué ¡qué iba a sacarla! si yo siempre he sido de letras puras.
Doña Encarnación me tenía mucho aprecio, como todos los profes de Latín que he tenido incluso en la Universidad, aunque el latín a mi me parecía un latón jajaja y hube de mentalizarme de que me encantaba ya que quería estudiar Románicas.
Los mercados a mí me ponen enferma. Y no es una exageración. Me dan palpitaciones, me ahogo, me mareo, quiero salir huyendo...Una compañera de Instituto se empeñó en quye fuera con ella una vez, en una hora libre, y en qué se vio para tranquilizarme "venga, que ya nos vamos, que ya falta poco". Con Javier soy capaz de ir, porque él es mi "pastillo de los nervios" jajaja, con él, al fin del mundo. Pero el otro día se adelantó él a casa y me dejó para que viera yo una cosa, y creí morirme. Disimulé lo que pude, pero yo creo que un loco que había allí (vamos, yo creo que era un loco) debío de percatarse de algo: lo llevé todo el rato detrás ¡abanicándome el tío (un rubienco con melenas) con un cartón grande! Como si yo fuera Cleopatra y él un esclavo...
Las cosas que a mí me pasan...

Rosa Cáceres dijo...

Cathy, hoy hace un calor terrorífico, estoy con la comida (ensalada de judías verdes con tomate y patatas y emperador a la plancha) y nos iremos a bañarnos. Ayer estuvimos en dos playas diferentes. Hoy quiero más tranquilidad.
Supongo que allí no tenéis calor ahora.
Un abrazo muy fuerte, duendecilla de miel y caramelo.

Rosa Cáceres dijo...

Antonio, qué razón tienes, pero es que creo que yo iba para ermitaña...
Siempre que veo un paisaje solitario disfruto imaginando cómo viviría yo allí.
Quien me conoce sabe que necesito la soledad. Javier lo sabe y no se extraña cuando me retiro a un extremo de la playa, bajo una palmera, para estar a solas. Aunque, como siempre, me pasan cosas asombrosas. Fíjate qué anécdota te voy a contar:
Tosda mi familia en la playa, yo me aparto atrás, bajo una palmera solitaria, con mi silla de playa, una señora desconocida coje su silla y se viene a darme plalique:
-La he visto aquí y he dicho, pues me voy con ella y blablablabla...
Yo, por cortesía, aguantando, y mis familia, revolcándose de risa.

Mercedes González dijo...

Pues a mí me gusta ver el colorido y la gente variopinta que habita los mercados, confundirme en la borágine. Sin embargo, ese otro tipo de multitud de la que hablas, esa ¡me aterra! Algo así como a Cabopá.

Besos solitarios

Rosa Cáceres dijo...

Mercedes, cada persona es un mundo...lo mío es ya una fobia declarada. Pero en película no me importa ver multitudes jajaja
Puede influir que tampoco me gustan las tiendas, de ningún tipo.

Carmendy dijo...

Hola Rosa,soy Carmendy.
Mi amiga Mª Bote me ha hablado de ti, de tu blog y de tus novelas(me ha prestado esa tan bonica que le has enviado y que voy a leer con mucho gusto, te daré mi opinión cuando la termine)
Paso a desearte un "feliz verano" y a decirte que te he puesto en la lista de mi blog.Espero me hagas alguna visita, cuando gustes.
Besitos de amor y paz de tu nueva amiga, Carmendy
PD. preciosa playa casi como un sublime y lírico edén...qué maravilla¡¡

Rita dijo...

Pues estamos muy de acuerdo, soy tan hurón como tu, si eso se puede llamar así, no me gustan las aglomeraciones y prefiero estar en casa, esa playa me da envidia porque en pleno verano conseguir esa soledad es una gran suerte, me encanta la playa pero como quiero estar sola y eso es imposible pues......no voy, en fin, disfrutaremos de otras cosas
un beso

Rita dijo...

oye que se me olvidaba, que suerte tienes con ese ventanal viendo el cielo desde la cama, que envidia me das..............

emejota dijo...

Aquí me tienes, tarde pero presente. Me ocurre lo mismo que a ti. De todos modos, cuando voy a la playa de Denia, que está al lado de casa suele ser en invierno = tranquilidad y perritos. En verano, como ahora, solo me llevo la toalla, las gafas y el gorro de nadar. Lo dejo sobre alguna pequeña roca y me largo a "hacerme una playa" (nadarmela lejos de los bañistas). Luego me salgo, me echo algo por encima y de vuelta a casita, unos largos por la piscina y a descansar. Por cierto, tampoco me gustan los mercados. Un abrazo.

Rosa Cáceres dijo...

Carmendy, encantada de conocerte y asomarme a tu balcón azul. Ya le he agradecido a María Bote que te haya hablado de mí, y espero que mi novela te resulte de grata lectura. Estoy deseando publicar m novela extremeña, esa sí que os gustaría, supongo.
Me encantaría poder presentar en vuestra tierra mis novelas, aunque allí no conozco a nadie.

Un abrazo, nueva amiga.

Rosa Cáceres dijo...

Rita, mi casa tiene un pequeño jardín por delante, suficiente como para guardar el coche y tener unos pocos arbolillos. Las vistas son el monte de La Cumbre, con su torreón medieval, contra la piratería berberisca, y el Hotel que han hecho cerca. Por la parte trasera un gran patio, con macetones y ducha. Sobre este patio está mi dormitorio. De pie se ven otros tejados de duplex, pero como no son altos, al tumbarse en la cama sólo se ve el cielo. El ventanal es enorme, ocupa casi todo el largo de la cama: en resumen, duermes en el cielo. Por desgracia no se ve el mar, aunque está cerca y se le oye.
Aquí hay mucha costa virgen...todavía.

Rosa Cáceres dijo...

emejota, tu visita siempre es una alegría para mí, y m´s aún cuando resulta que coincidimos en algúna cosa.
He vivido dos años en Vergel y en Ondara, denia era el lugar de paseo e incluso de pedíatra de mis hijos, que eran muy pequeños entonces. Recuerdo con afecto la Calle Campos, los restaurantes en donde solíamos comer o cenar, el monte (se veía desde mi ático de Ondara, con el mar rodeándolo)...
Me imagino que esa zona en verano será ahora un maremagnum turístico.
Un abrazo.

Rita dijo...

Me vengo aquí para contestar a tu comentario, muy sagaz por cierto. No, mi escrito no es una opinión teórica, es mi experiencia personal, he escrito (con mucha modestia, ya sabes que solo soy una aficionada que disfruta haciendolo) muchas cosas basadas en ésta experiencia, a veces pienso que peco de pesada o repetitiva, pero que quieres......me sale del alma. No había caído en que "el dolor juega al escondite" pudiera ser un titulo, pero ahora que caigo....pues si, claro que te lo presto, faltaría más, fíjate que no es una expresión calculada, me salió sin más, porque es así como lo siento, a veces si, a veces no....y como ya hace 13 años y sigo igual, creo que lo que dice Galdós es muy acertado.
Un besote

Miguel dijo...

A mí las multitudes me agobian. Pero no soy solitario. Prefiero estar con gente tranquila y anónima, pero siempre, sin exscesos. Otra cosa, lo de sonreir es una bendición, sigue sonriendo, el mundo está falto de sonrisas.

Besos.

Rosa Cáceres dijo...

Rita, te comprendo muy bien, aunque no sea por experiencia propia sino por la observación de casos similares (una hermana mía, sin ir más lejos), desde luego, te tomo el título y lo considero un regalo tuyo. ¿Sabes? una novela se escribe y luego se busca el título o se construye a partir de un título que es el núcleo de toda esa armazón literaria. Como ejemplo tengo mi novela "La delicada piel del alma", cuyo tema es la infidelidad y el perdón, la amrgura y la piedad, que partió del título y en el otro extremo "Aura". Nunca tuve tantas dificultades para titular una obra, ningún título me gustaba, y aún hoy sigo descontenta.
He apuntado tu idea en uno de mis cuadernos. Estoy descansando unos minutos de la corrección de mi "Isla Cueva Lobos". Cuando la concluya la imprimiremos otra vez con los ajustes y la volveré a repasar.
¡Voy a cazar gazapos literarios en mis folios de borrador!

Rosa Cáceres dijo...

Miguel, un saludo cordial y, por supuesto, una sonrisa para ti.

Antonio Misas dijo...

Menudo lujo de Playa. El otro día fui a la piscina del Canal de Isabel II, aquií en Madrid y había aforto limitado. Cuando vine a vivir aquí de Santander no entendía que hubiera que pagar para darse un baño y encima estar todos amontonados en una pileta...
¡Qué suerte!
no dejes nunca de sonreir.

Besos

María Bote dijo...

¡Ay, mi querida Rosa! Me solidarizo contigo en eso de las multitudes, no lo soporto. Aquí estamos en un lugar idílico en un relaj absoluto donde puedo escribir y leer a mis anchas.
Estás invitada a las próximas fiestas del Romanticismo en Almendralejo.
Te envío el regalo de otro fragmento del poema AL VERANO que estoy escribiendo.

VIERTE JULIO SUS CALORES
CON LA FUERZA MÁS BRAVÍA.
AL FILO DEL MEDIODÍA
VIENE AGOSTANDO LAS FLORES.
TRAS LAS PERSIANAS, AMORES
SUDOROSOS, ANHELANTES;
COMIENDO FRUTOS PROHIBIDOS
DIBUJAN GOZO Y LATIDOS.
CON ÍMPETUS FULGURANTES
DESTILAN NARDOS FRAGANTES...

Gracias, amiga, por sonreír siempre. A mí me ocurre igual, siempre estoy sonriente y me parece un don de Dios.

Besos. María.