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lunes, 4 de abril de 2011

Salga el sol por Antequera.

Así reza el dicho: Salga el sol por Antequera. Y por Antequera he estado paseando este fin de semana. De veras, una deliciosa escapada a tierras andaluzas.

Pero ¿a que una de las mejores cosas es disfrutar de la ilusionada del viaje, la expectativa?


Aquí está el cabecera de la cama de mi dormitorio, presidida por un cuadro al óleo sobre tabla que pinté de un ramo de rosas (uno de los tantísimos que me ha regalado) que me trajo Javier cuando éramos novios, en un jarrón de mi madre que siempre me encantó. El otro cuadrito es gemelo de otro más, al óleo sobre lienzo, otros ramos de flores, pintados también por mí.

Sobre la cama, la maleta abierta, llenándola más que de ropa de ilusión.Y en el coche...fotos, fotos, a través del cristal del parabrisas, emulando a mi amiga Cabopá.




Ya en tierras de Granada, la majestuosidad blanca de las cumbres de Sierra Nevada nos llena de admiración.



El contraste entre el blanco luminoso y el azul del cielo bajo un sol radiante llena de gozo el espíritu.
Y las muchas cuevas al pie del monte en Guadix .



Y desde el coche esos bosques de chopos tan abundantes en Granada....



Y ya en Antequera, eso del sol que decía al principio, y yo tan feliz bajo el sol del piedra y bajo el del cielo, que lucía luminoso y alegre en la mañana del sábado.

Una de las varias capillas-tribuna típicas de Antequera.


Al atardecer del viernes, en la alcazaba, la colegiata de Santa María.


Javier y yo tenemos un truco para fotografiarnos juntos, eso sin automático ni trípode ni nada; consiste en hacernos la foto frente a un espejo del hotel o de cualquier otro sitio, jajaja, es muy divertido.



Lo creais o no, estábamos justamente en la torre de la alcazaba cuando este enorme martillo golpeó once veces, once, la gigantesca campana que preside esa altura, sobre nuestras cabezas y al alcance de la mano; eran las once en punto de la mañana y tuve que taparme los oídos y abrir la boca ¡ay mis pobres tímpanos!




Un montón de bolaños de la alcazaba.
Una vista de la preciosa Antequera malagueña.
Monumento a los moriscos que fueron expulsados en tiempos de los Reyes Católicos.

Me estremece el drama de todos aquellos que se ven obligados a dejar atrás para siempre el lugar que los vio nacer y que aman con toda su alma.

Es una tragedia humana que se ha repetido a lo largo de los siglos, incluso hoy en día, en diversas circunstancias y por diversas causas.

Esta es la famosa Peña de los enamorados, que sustenta una leyenda de amor que os voy a contar brevísimamente, si me lo permitís.


Esta teja estaba en el hotel e ilustra la leyenda.

En tiempos remotos de la Edad media, existió un caballero cristiano de nombre Tello que fue hecho prisionero por el alcaide moro de Antequera. La hija del alcaide, la bellísma Tagzona, se enamoró del cristiano igual que él de ella. La pasión entre ambos era tan fuerte como imposible era el final feliz de su amor. Ella ayudó a escapar al caballero y ambos huyeron, perseguidos naturalmente por el padre de la joven y sus guerreros.

Viéndose acorralados, subieron a esta peña que se encuentra entre Antequera y Archidona y se arrojaron desde ella abrazados, para morir unidos.

Dicen que la peña tiene el perfil de una mujer muerta.
Y una fuente de la ciudad representa a los amantes, desnudos y enlazados fuertemente, tal como ellos soñaron.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Mito de la Mar y el Viento

¡¡¡Tachán tachán!!!

Señoras y señores, Rosa Cáceres les presenta su narración "Mito de la Mar y el Viento", que aparece en las páginas de la Revista cuya portada ven ustedes a continuación y cuya contraportada cierra esta entrada.

















jueves, 6 de agosto de 2009

AZUCENAS DE ARENA. Historia y leyenda.

Cuenta una antigua tradición mazarronera, que allá por el año 1585 ocurrió un hecho milagroso en que la Virgen Purísima salvó al Bolnuevo de un ataque pirata.
El hecho de la invasión corsaria y el pirata que la protagonizó son históricos, el milagro, es cuestión de fe. Pero anualmente se celebra una romería el 17 de noviembre para conmemorarlo.
Murad Raid, llamado en estas costas Morato Arráez, era un corsario temido desde Tarragona hasta Almería.
Tenía este corsario su cuartel general en la bahía de Portman, en Cartagena, y estaba empeñado en saquear Mazarrón, pues la villa había prosperado gracias a las minas de alumbre y las almagras, que tan sólo se producían en Europa en este pueblo y en una aldea cercana a Roma. Estos minerales resultan imprescindibles para fijar los colores en las telas, por cuya razón eran demandados en Europa una vez que las rutas con Oriente quedaron cerradas por las guerras.

La noche del 16 de noviembre, Morato fondea en la Isla Cueva Lobos y desembarca con sus hombres en Calnegre, de ahí hace el camino a Mazarrón, pero a la altura de Bolnuevo, les sale al encuentro una celestial doncella, resplandeciente, que los hostiga, atemorizándolos hasta el extremo que los piratas huyen en desbandada, abandonando la bandera que portan.
Dicen, que al día siguiente hallaron la imagen de la Purísima con el borde del manto mojado y lleno de arena y el rostro sudoroso.
Ese es, muy resumido el famoso Milagro del Bolnuevo.
Según la tradición, por donde pasó la Virgen en la playa, nacieron estas azucenas, de delicado perfume y sencilla belleza.
Las veo diariamente, y son una delicia florida junto al mar, en la aridez de la arena.
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La bandera pirata, llamada del Milagro, ha estado expuesta durante siglos junto al camarín de la Purísima, Patrona de Mazarrón, hasta que en vista del deterioro que había sufrido, se colocó entre dos cristales en la misma iglesia.
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Os cuento este milagro porque estoy narrándolo de forma novelada en mi novela "Isla Cueva Lobos". Más bien me ocupo de otros personajes inventados, pero por la novela transitan también Morato, el moro Mamí, el Marqués de los Vélez y el de Villena, y otros muchos personajes históricos.

martes, 14 de julio de 2009

Lucha entre el mar y el viento.


Cierta vez, cuando el paisaje de estas playas comenzó a formarse, hablaban la mar y el viento, discutiendo sobre sus poderes.
-¿Quién más poderoso que mis olas, que moldean la costa a mi antojo, desgastando rocas en los acantilados y formando arenales con la piedra molida por sus embates?
Respondió el viento.
- Yo soy más poderoso y te lo demostraré si es que quieres competir conmigo.



Así pues, como la mar aceptó el reto, ambos comenzaron a esforzarse para demostrar su poderío.
Escogieron para su lid las playas de Bolnuevo, allá en Mazarrón.

Batió la mar durante cinco mil novecientos días aquella costa, y al final del plazo marcado había conseguido formar una anchísima playa de finas arenas.
-Ahí tienes mi obra- le dijo orgullosa al viento.
Estaba la mar ufana de su logro y segura de que el viento no conseguiría superar aquel prodigio.
Pero el viento, sin desanimarse, sopló y sopló durante su turno de cinco mil novecientos días, sacando de su pecho toda la variedad de soplidos que poseía. Así, unas veces soplaba lebeche, otras levante, otras terral..., en fin, cada vez de una dirección diferente.
Igualmente, unas veces acariciaba y otras azotaba la montaña.
-Mira mi obra- dijo cuando transcurrió el plazo que le correspondía.
La mar quedó impresionada ante el arte escultórico de los vientos. Pero era tan hermosa la playa que había formado, en la que incluso habían crecido bosquecillos de eucaliptus, que no aceptó darse por vencida.
Recurrieron la mar y el vieno al sol, para que dictaminara, a modo de juez, cuál de ellos merecía la victoria en aquella competición.
-Ambas obras son igualmente hermosas- dijo solemnemente el astro- . Así pues, mi decisión es que reinéis en el Bolnuevo en igualdad, paz y armonía.
Y esa es la razón por la que el paisaje del Bolnuevo es tan original y fantástico.


SOS: he intentado hacer una entrada sonbre la tierra laguena, pero me ha quedado como anterior al Pescador y la estrella. No sé solucionarlo. Si alguien quiere leer lo de la láguena, tendrá que retroceder una entrada.










Láguena


El origen de la tierra láguena fue así:
Comenzaba a nacer la Tierra entre grandes convulsiones de la corteza terrestre.
Un cataclismo era seguido de otro aún más violento.
Se formaron montes de color arcilloso.
Montes grises como una tarde de tormenta.
Montañas rojas como el almazarrón del cual se extrae el alumbre y la almagra.


Habló la montaña surgida frente al mar y dijo:
- Todos los colores de las piedras y las tierras me visten y engalanan. Pero me agradaría poseer el tono azul de las olas del Mediterráneo.

-No le es posible a la montaña competir con mi color.
Así habló el mar y la montaña quedó entristecida por no poder cumplir su anhelo.
Entonces, comenzó a llorar. Y lo hizo con lágrimas de tierra lágena, de color violeta, impermeable a las aguas, porque ella misma es agua de lágrimas.

miércoles, 8 de julio de 2009

Leyendas inventadas y marinas ingenuas. Pintando la poesía.


Cuenta una leyenda tan antigua como el más antiguo de los antecesores humanos, que el litoral de aquel remoto lugar se formó con convulsiones de cataclismo.


La tierra abrió sus entrañas y se desangró en torrentes de láguena violácea y de amarillas gredas.





Fue entonces cundo emergió de las aguas del mar, que parecían en ebullición -tal era la agitación que mostraban- un águila gigantesca, do corvo y acerado pico, dispuesta a destrozar a todo humano que pudiera encontrar, como si de gusanos se tratara. El águila había surgido de lo más profundo de la noche convulsa, una noche en que incluso la Luna- diosa celeste- se ocultaba temerosa envolviéndose en un manto negro como el pecado.



Dice la leyenda que al amanecer del día que siguió a aquella horrible noche, el sol, al frente de un ejército de nubes, blancas como las espumas del mar, presentó batalla a la tiniebla y consiguió vencerla.

Entonces, aquella terrible águila, engendro del caos, se transformó en un montículo de piedra que se hundió por su base en el mar.

Muchos siglos después, los pobladores prehistóricos se asentaron en ese cabezo con forma de águila, que consideraron sagrado.

Bueno, ahora mis marinas.

Mar, mar,

mar, mar, mar...

Sólo una palabra

y ya tiene sal.

(Yo soy la autora)


¿ A dónde irá ese barquito,

que surca la mar serena?

Unos dicen que a Almería,

otros que pá Cartagena.


(Copla popular)

Bueno, pues me han salido fatal los escaneos, pero fatal, fatal...
Al natural resultan mejor estos cuadritos.
Lo mejor que tienen es que son imágenes captadas por mí con mi cámara de fotos.

Aquí se ven mates, sin brillo. Pero lo tienen, naturalmente, es óleo.


La tercera marina no la he terminado del todo. Falta un detalle: las luces nocturnas en el horizonte.

































martes, 7 de julio de 2009

EL BESO DE LOS AMANTES O UNA METAMORFOSIS . Leyenda repentizada ante unas fotos de mar.

Cuenta una leyenda antiquísima...que en la abrupta costa de una región perdida en los confines del mundo conocido por los seres humanos...

se hallaban, esporádicamente repartidas, playas de tersas arenas, tranquilas y deshabitadas, ajenas a los odios y los rencores de los hombres.

La cólera era desconocida hasta por el mar que bañaba aquel lugar paradisíaco.
Así pues, las olas rompían mansanente contra las rocas y las arenas. Y más eran caricia suave que azote tempestuoso.



Libres de asechanzas y de todo peligro, los cangrejos paseaban por las rocas de dos en dos, como parejas bien avenidas.
Mimetizados con la piedra mojada, se esforzaban -sin necesidad alguna- en pasar desapercibidos.
Puede que pretendiendo comportarse como enamorados, que huyen de la observación curiosa y ladina de los envidiosos.

En ese lugar de ensueño - cuya existencia yo misma, que cuento esta leyenda, dudo- dicen que hasta las piedras y los montes se daban muestras de amor.
Y, a su manera, se besaban con pasión.
Dicen también, que una vez llegaron a esas costas un hombre y una mujer cuyo barco había naufragado.
Ambos eran jovenes y hermosos y estaban enamorados.
Dicen que al mirar a su alrededor, eufóricos por haber salvado la vida, quedaron admirados ante aquella majestuosa soledad que los rodeaba y se creyeron Adan y Eva en el Paraíso.




Emocionados, se miraron intensamente. Sus rostros se aproximaron lentamente y sus labios, ardientes de pasión, se unieron en un beso.
Ocurrió entonces que sus cuerpos se convirtieron en petreas masas rocosas, pues aquel paraíso ignoto era lugar prohibido para los humanos.
Desde entonces, permanecen en la playa, besándose en la orilla, tan como los sorprendió la metamorfosis que el fatum había dispuesto para ellos.
Y solamente el mar, compasivo, pasa entre ellos, los acaricia y escucha los sollozos que suenan como un eco casi inaudible en el interior de los dos montículos que conforman el beso de los amantes.
Acabo de repentizar esta leyenda. He estado pintando al óleo toda la tarde y me apetecía hacer otra cosa.

Todos los paisajes son de El Puerto de Mazarrón.