jueves, 17 de abril de 2008

Canecillos

Al pasar bajo la iglesia románica el viandante levanta la vista hasta los aleros de la estructura. El saledizo de piedra está sostenido por canecillos variados. Las más diversas y sorprendentes figuras ejercen de extrañas y mínimas cariátides de escuadra. Uno de estos seres condenados a soportar el peso de piedra se burla del que lo mira desde abajo, le saca la lengua mientras su compañero parece recomendar con su impavidez que no se le haga caso a ese diablillo descarado.
Pero el viandante se lo toma muy a pecho. La burla viene de muy antaño, nada menos de la Edad Media. Y, señores, la antigüedad es un grado hasta en esto de la rechifla.